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Carmen Leante, primera mujer ingeniero industrial del ICAI

“Siempre he defendido que la capacidad y la responsabilidad no tienen sexo”

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Carmen Leante, durante la entrevista

21 de diciembre de 2019

¿Por qué estudiaste ingeniería en ICAI?
Siempre me ha gustado estudiar, lo mismo ciencias que letras. Como aprobar la ingeniería parecía más difícil, empecé por ahí. Comencé Telecomunicaciones, pero no me gustó. Por aquel entonces tenía un confesor jesuita, José Javier Repullés, y dos familiares ingenieros del ICAI, y por lo que sabía de la escuela, eso iba más conmigo: grupos pequeños, profesores que siempre daban sus clases...

No fue fácil entrar en, ¿no?
Vine a ICAI, pedí el impreso de solicitud, me lo dieron, y cuando vi que había un apartado de servicio militar, le pregunté al tipo de Secretaría qué tenía que poner. Él me arrancó el papel y me dijo que no podía entrar, que me lo había dado porque pensaba que era para mi hermano o mi novio. Conseguí una entrevista con el director de la escuela, Luis Tomás Sánchez del Río, le conté lo que había pasado y me explicó que estaba prohibido que entrasen mujeres. Hablamos mucho, tuvimos dos o tres reuniones, él estaba a favor y lo planteó en el claustro, hubo discusiones... Yo seguía insistiendo, hasta que me dijo: "dame una razón que les pueda convencer"; y respondí: "aquí planteáis que sois la excelencia, así que si sois la excelencia, o echáis a la mitad o me metéis a mí". En agosto me confirmaron que entraba.

¿Cómo fue el día a día?
Al principio los compañeros bajaban en grupo a verme: “que somos los de 3º, que somos los de 4º…”. No tenía problema, pero me pasé un año pensando que todo el mundo me miraba cuando paseaba por la calle. Con los profesores muy bien. Solo tuve una peculiaridad, y me enteré con el paso de los años. En 1º aprobé todo en julio menos Dibujo Técnico. En el examen, un compañero me pidió copiar, y le dejé. Cuando en septiembre vine a examinarme él me agradeció aquello, y supe que le habían puesto un 8. En ese momento no le di importancia, pero años después supeque el profesor había prometido que nunca iba a aprobar a ninguna mujer a la primera.

¿Cómo fue tu paso al mundo profesional?
Empecé a trabajar por horas en 4º de carrera, en una ingeniería que se llamaba Heredia y Moreno. En el 76 seguí trabajando por las tardes en Fluma, una empresa de instalaciones, y cuando acabé la carrera me hicieron fija, estuve allí hasta el 82. Entonces empecé a trabajar en Fomento de Obras y Construcciones, lo que luego fue FCC Construcción, desde el 15 de noviembre de 1982 hasta 2009, cuando me pre-retiré. En la escuela nos decían que cada 4 años había que cambiar. Yo he hecho muchas cosas, aunque fuera en la misma empresa, prácticamente cada 4 años cambiaba de actividad totalmente, salvo en mi última etapa.


 

“No me puedo quejar de mi trayectoria, pero tengo el convencimiento de que si hubiera sido hombre habría sido distinto"

 


¿Viviste más veces lo de ser de la única mujer?
Siempre. Tardé 18 años en encontrarme en la misma mesa a otra mujer, y fue una joven arquitecto que estaba allí para tomar notas. Más adelante, en temas de urbanismo y vivienda, sí que encontré alguna mujer más, y muy buenas. Porque, siendo mujer, si no eras muy buena, no llegabas.

¿Lo veías como una carga o como un acicate?
Lo he notado siempre, pero estas cosas cuando trabajaba no las decía. Hacerte la víctima e ir protestando me parece impresentable. Es verdad que mi prioridad era personal, no profesional, pero está claro que he pagado un precio. No me puedo quejar de mi trayectoria, porque en FCC Construcción la única mujer a mi nivel, en todos los momentos, era yo, pero tengo el convencimiento de que si hubiera sido hombre habría sido distinto. Primero, porque no habría antepuesto mi prioridad personal sobre la profesional, que eso creo que sí que está cambiando mucho.

¿Cómo llegaste al proyecto ICAI Mujer?
Cuando dejé de trabajar, me llamaron del Colegio de Ingenieros del ICAI para formar parte del Comité Europeo de Arbitraje. Con el tiempo volvieron a llamarme porque Inmaculada Blázquez había empezado a hacer exposiciones sobre mujer e ingeniería, y me apeteció participar. Desde que me dieron el título soy ingeniero, no ingeniera, y en mis tarjetas profesionales, en todas, ha aparecido siempre director, nunca directora. Hay gente que pelea por la gramática, pero yo siempre he defendido que la capacidad y la responsabilidad no tienen sexo, y digo sexo, no género, porque el género tiene implicaciones culturales y de educación.

¿Crees que ha cambiado la situación?
A mí, ser mujer y ser madre me costó promoción, pero nunca el puesto, y ahora está pasando. También es verdad que me aguantaron cosas que a un hombre creo que no le hubieran aguantado, pero, por ser mujer, casi que lo valoraban. Puedes reducirlo a lo anécdotico, pero si escarbas un poco no lo es tanto: hay una carga cultural y educacional tremenda. Lo que me parece gravísimo es que 40 años después sigan pasando las mismas cosas y peores. Que no se haya superado el 25% de alumnas en la escuela, por ejemplo.

Uno de los objetivos de ICAI Mujer es fomentar las vocación por la ingeniería entre las niñas...
Eso es tremendo. Yo tengo tres nietos, una bebé de meses y dos de 11 y 8 años, y cuando voy a una tienda, da igual la que sea, a pedir un juguete para 11 años, por ejemplo, siempre me preguntan "¿niño o niña?", y ahí soy tremendamente borde: "¡qué más dará!". Empecemos por ahí.

 

ABRIENDO CAMINO

La historia de Carmen es la de muchas primeras veces. Cada paso sirvió para despejar la senda de las que llegaron después.Solventado el obstáculo de la matrícula, lo que se planteó fue cómo iba a entrar en los talleres: "Ni se les pasaba por la cabeza que pudiera ponerme un mono, así que se decidió que usara una bata como las señoras de la limpieza".

Cuando acabó la carrera, ya había una veintena más de chicas en estudiando en ICAI, pero para ella el viaje no había hecho más que empezar. 

Algunas cuestiones pueden parecer exóticas en 2019, pero otras suenan familares: ser la única en las reuniones, que la preguntasen por su jefe o tener que pelear por la logística familiar. "En FCC me conocían como 'Soy Camen Leante y me voy de vacaciones en julio. Y me voy de verdad', recuerda divertida. Compaginar las jornadas de 14 horas con la familia no le dejaba tiempo para más, hasta que un día todo cambió. 

"Tuvimos un accidente de coche, nada grave, pero te das cuenta de que doña Carmen se convierte en don Pepito, que tu despacho al día siguiente lo tiene otro, y sin embargo, lo que tú no has leído, nadie lo lee por ti; lo que no has reído, nadie lo ríe por ti; lo que no has querido, nadie lo quiere por ti, lo que no has abrazado, nadie lo abraza por ti... y decidí que ya había tenido suficiente". 

Se retiró, estudió Literatura, retomó el contacto con el Colegio/Asociación de Ingenieros del ICAI y, sobre todo, disfruta de su tiempo, de la familia y de la vida. ∞

¿POR qué estudiaste ingeniería en ICAI? 
Siempre me ha gustado estudiar, lo mismo ciencias que letras. Como aprobar la ingeniería parecía más difícil, empecé por ahí. Comencé Telecomunicaciones, pero no me gustó. Por aquel entonces tenía un confesor jesuita, José Javier Repullés, y dos familiares ingenieros del ICAI, y por lo que sabía de la escuela, eso iba más conmigo: grupos pequeños, profesores que siempre daban sus clases... 
no fue fácil entrar en icai, ¿no?
Vine a ICAI, pedí el impreso de solicitud, me lo dieron, y cuando vi que había un apartado de servicio militar, le pregunté al tipo de Secretaría qué tenía que poner. Él me arrancó el papel y me dijo que no podía entrar, que me lo había dado porque pensaba que era para mi hermano o mi novio. Conseguí una entrevista con el director de la escuela, Luis Tomás Sánchez del Río, le conté lo que había pasado y me explicó que estaba prohibido que entrasen mujeres. Hablamos mucho, tuvimos dos o tres reuniones, él estaba a favor y lo planteó en el claustro, hubo discusiones... Yo seguía insistiendo, hasta que me dijo: "dame una razón que les pueda convencer"; y respondí: "aquí planteáis que sois la excelencia, así que si sois la excelencia, o echáis a la mitad o me metéis a mí". En agosto me confirmaron que entraba. 
¿Cómo fue el día a día?
Al principio los compañeros bajaban en grupo a verme: “que somos los de 3º, que somos los de 4º…”. No tenía problema, pero me pasé un año pensando que todo el mundo me miraba cuando paseaba por la calle. Con los profesores muy bien. Solo tuve una peculiaridad, y me enteré con el paso de los años. En 1º aprobé todo en julio menos Dibujo Técnico. En el examen, un compañero me pidió copiar, y le dejé. Cuando en septiembre vine a examinarme él me agradeció aquello, y supe que le habían puesto un 8. En ese momento no le di importancia, pero años después supeque el profesor había prometido que nunca iba a aprobar a ninguna mujer a la primera. 
¿Cómo fue tu paso al mundo profesional?
Empecé a trabajar por horas en 4º de carrera, en una ingeniería que se llamaba Heredia y Moreno. En el 76 seguí trabajando por las tardes en Fluma, una empresa de instalaciones, y cuando acabé la carrera me hicieron fija, estuve allí hasta el 82. Entonces empecé a trabajar en Fomento de Obras y Construcciones, lo que luego fue FCC Construcción, desde el 15 de noviembre de 1982 hasta 2009, cuando me pre-retiré. En la escuela nos decían que cada 4 años había que cambiar. Yo he hecho muchas cosas, aunque fuera en la misma empresa, prácticamente cada 4 años cambiaba de actividad totalmente, salvo en mi última etapa. 
¿Viviste más veces lo de ser de la única mujer?
Siempre. Tardé 18 años en encontrarme en la misma mesa a otra mujer, y fue una joven arquitecto que estaba allí para tomar notas. Más adelante, en temas de urbanismo y vivienda, sí que encontré alguna mujer más, y muy buenas. Porque, siendo mujer, si no eras muy buena, no llegabas. 
¿lo veías como una carga o como un acicate? 
Lo he notado siempre, pero estas cosas cuando trabajaba no las decía. Hacerte la víctima e ir protestando me parece impresentable. Es verdad que mi prioridad era personal, no profesional, pero está claro que he pagado un precio. No me puedo quejar de mi trayectoria, porque en FCC Construcción la única mujer a mi nivel, en todos los momentos, era yo, pero tengo el convencimiento de que si hubiera sido hombre habría sido distinto. Primero, porque no habría antepuesto mi prioridad personal sobre la profesional, que eso creo que sí que está cambiando mucho. 
¿cómo llegaste Al proyecto ICAI Mujer?
Cuando dejé de trabajar, me llamaron del Colegio de Ingenieros del ICAI para formar parte del Comité Europeo de Arbitraje. Con el tiempo volvieron a llamarme porque Inmaculada Blázquez había empezado a hacer exposiciones sobre mujer e ingeniería, y me apeteció participar. Desde que me dieron el título soy ingeniero, no ingeniera, y en mis tarjetas profesionales, en todas, ha aparecido siempre director, nunca directora. Hay gente que pelea por la gramática, pero yo siempre he defendido que la capacidad y la responsabilidad no tienen sexo, y digo sexo, no género, porque el género tiene implicaciones culturales y de educación.
¿CREES QUE ha cambiado la situación?
A mí, ser mujer y ser madre me costó promoción, pero nunca el puesto, y ahora está pasando. También es verdad que me aguantaron cosas que a un hombre creo que no le hubieran aguantado, pero, por ser mujer, casi que lo valoraban. Puedes reducirlo a lo anécdotico, pero si escarbas un poco no lo es tanto: hay una carga cultural y educacional tremenda. Lo que me parece gravísimo es que 40 años después sigan pasando las mismas cosas y peores. Que no se haya superado el 25% de alumnas en la escuela, por ejemplo. 
uno de los objetivos de ICAI Mujer es fomentar las vocación por la ingeniería entre las niñas... 
Eso es tremendo. Yo tengo tres nietos, una bebé de meses y dos de 11 y 8 años, y cuando voy a una tienda, da igual la que sea, a pedir un juguete para 11 años, por ejemplo, siempre me preguntan "¿niño o niña?", y ahí soy tremendamente borde: "¡qué más dará!". Empecemos por ahí.
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