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Academia y profesionales analizaron los retos que la revolución digital plantea a la práctica profesional y la formación

Academia y profesionales analizaron los retos que la revolución digital plantea a la práctica profesional y la formación


El Centro de Innovación del Derecho (CID-ICADE) de la Universidad Pontificia Comillas y Uría Menéndez organizaron una mesa redonda sobre el reto de la transformación digital y el papel de los despachos de abogados, que se celebró en la sede del despacho. El evento, que contó también con la participación de Pérez-Llorca, sirvió para abordar cómo está afrontando Comillas ICADE el reto de la transformación digital en sus planes de estudios de grado y posgrado, y exponer lo que está haciendo la abogacía en este sentido, y cuáles son los retos que todavía están por afrontar.

En palabras de Luis de Carlos, presidente de Uría Menéndez, para los despachos la llamada revolución digital es tanto un reto como una oportunidad. “Las nuevas tecnologías nos tienen que ayudar a mejorar nuestros procesos y a ganar en eficiencia y en productividad, y al mismo tiempo abren nuevos campos al Derecho, abren nuevas posibilidades jurídicas y hay nuevas especialidades en las que hay que desarrollarse y asesorar jurídicamente a nuestros clientes”, aseguró.

“Yo creo que el sector de la abogacía está en constante cambio y en constante evolución. Cada vez vemos como se modifican y se publican más leyes, y es fundamental que los abogados estemos al tanto de estas novedades y estudiemos”, afirmaba Icíar de Lorenzo, abogada asociada de Corporate de Pérez-Llorca y ex alumna de grado y máster de Comillas ICADE. “Siempre se ha dicho, y no es un mito, que en la abogacía estás constantemente aprendiendo, como los médicos, entonces al final hay que ser conscientes de esta necesidad de formación”, completó.

Para Moisés Barrio, letrado del Consejo de Estado y experto en nuevas tecnologías, los despachos se están adaptando bien a las nuevas oportunidades que ofrece el derecho digital, que afecta a todas las áreas de práctica jurídica. “No hay ninguna rama del ordenamiento que se quede al margen, incluso surgirá el derecho de los robots, como en su día surgió el derecho ambiental o el derecho del trabajo”, explicó en la sesión.

El profesor Federico de Montalvo, director de CID-ICADE y encargado de moderar la mesa redonda, fue muy claro en su apreciación de que la transformación digital es un hecho imparable, que está aquí y no se va a ir, y por eso la universidad tiene que responder a ese hecho. “En concreto, nuestra Facultad de Derecho responde incorporando los programas vinculados a la transformación digital en sus estudios. Por eso, en su momento se incluyó el doble grado en Derecho y Business Analytics (E-3 Analytics), se ha incorporado el doble grado de Derecho y Filosofía, Política y Economía (E-5 FIPE) y en breve tendremos el Diploma en Legal Business Analytics y Legal Tech and Apps”, afirmó.

Del interesante debate suscitado entre los ponentes de la mesa redonda y también en contestación a las preguntas de los alumnos asistentes al evento, pueden destacarse las siguientes conclusiones:

1. Los abogados deben aprender a hablar un idioma que ya hablan muchos de sus clientes y éste es el idioma de la transformación digital. Se trata tanto de conocer las novedades tecnológicas como conocer los cambios que la transformación digital está provocando en el mundo de los negocios.

2. La abogacía es una profesión en la que la confianza abogado-cliente es indispensable y, en este contexto, hay que evitar que la digitalización de la abogacía vaya en detrimento de dicha confianza y de la inteligencia emocional en la que la aquélla habitualmente debe sustentarse. La transformación digital no puede transformar o alterar el componente humano que preside la relación de confianza.

3. La actual transformación digital de la abogacía es, efectivamente, disruptiva, pero debemos recordar que la abogacía lleva décadas transformándose y adaptándose a las nuevas tecnologías que siempre han estado presentes en el ejercicio profesional.

4. Los despachos piden nuevos abogados que ofrezcan nuevas aptitudes en un entorno digitalizado, pero la actitud sigue siendo esencial. Lo importante son las ganas que el nuevo abogado tenga de conocer, de formarse.

5. La transformación digital exige una adaptación del Derecho, en virtud de la cual, sin menosprecio de las reglas, los principios cobran una absoluta relevancia. No se trata de una novedad, ya que el mismo Derecho Romano se asentó en la importancia de los principios. La volatilidad y la necesidad de adaptación al cambio exigen del abogado un buen manejo de los principios jurídicos y de la capacidad de interrelación de conceptos jurídicos procedentes, en muchas ocasiones, de diferentes ramas del Derecho.

6. La responsabilidad en el uso, no solo profesional, sino también personal de las nuevas tecnologías es una exigencia de las firmas legales. La ciberdelincuencia y, en general, los nuevos riesgos que, por contrapartida, suponen las nuevas tecnologías exigen, como primera medida, un uso responsable de las mismas por el abogado. Esta nueva cultura se promueve a través del propio uso personal. El joven abogado que es cauto al usar las nuevas tecnologías en sus esferas personales lo será también en la esfera profesional.

 

Mesa redonda CID-ICADE / Uría Menéndez

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