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La imagen muestra la portada de un libro titulado 'Vita Ignatii Loyolae' de la Sociedad de Jesús.

La exposición se inicia con la sección Un colegio para la Corte, en la que pueden contemplarse las obras del P. Pedro de Ribadeneira,SJ (1527-1611), compañero de san Ignacio:  sus Vita Ignatii Loyolae, en la primera edición napolitana impresa por Giuseppe Cacchi (1572) y en una excepcional copia manuscrita “cum licentia superiorum” (Nápoles, 1572),  incluyen la biografía del fundador desde la conversión en Loyola hasta la muerte en Roma. Se acompañan de su Tratado de la tribulación (Madrid, Pedro Madrigal, 1589) en el que profundiza en el sentido cristiano del sufrimiento y su Flos Sanctorum (1761) del maestro Joaquín Ibarra, santoral litúrgico ampliado por Nieremberg y otros, que nos permite admirar la magnífica tipografía neoclásica ibarrina.

San Francisco de Borja completa el conjunto con sus Opuscula quaedam pia (Praga, Melantrich, h. 1577), primera versión latina de sus sermones devotos en formato portátil, 16º y las Opera Omnia (Bruselas, Foppens, 1675), gran folio compilatorio con vida y cartas del tercer general.

Un libro antiguo titulado 'De la diferencia entre lo temporal y eterno', con una dedicatoria y un sello.

El P. Juan Eusebio Nieremberg, SJ (1595-1658), inicia la segunda sección titulada La culminación de un proyecto,  con Ideas de virtud en algunos claros varones de la Compañía de Jesús (Madrid, María de Quiñones, 1643), en el que retrata modelos de santidad jesuíticos y De la diferencia entre lo temporal y eterno (1678), devocionario ascético de resonancia transnacional. La galería de “varones ilustres” prosigue con el P. Alonso de Andrade,SJ  (Varones ilustres, tomo VI, Madrid, 1667). 

La práctica escolar está presente en la obra del P. Bartolomé de Alcázar, SJ, El perfecto latino, (1683), manual de latinidad para tiernos años y en la del P.  André Tacquet, SJ, Elementa geometriae, Padua (1729), que nos acerca a la enseñanza científica, impartida en las aulas del Colegio Imperial. 

La exégesis resplandece en el Comentariorum in Iob, Sevilla (1598), del P. Juan de Pineda, SJ, con monumental portada grabada,  la escolástica en la obra del P. Ripalda, SJ, De ente supernaturali (1644) y en la Idea del Buen Pastor (1682) del P. Núñez de Cepeda, SJ, se entretejen bellos emblemas sacros con política pastoral. La Imitatio Christi (trad. Nieremberg, Viuda de Ibarra, 1788) culmina con la refinada tipografía ibarrina, uniendo Devotio Moderna y espiritualidad ignaciana..

Un libro antiguo titulado 'De la diferencia entre lo temporal y eterno', con una dedicatoria y un sello.
Una página de un libro antiguo con un título y detalles sobre su autor y publicación.

En la tercera sección titulada Caminando hacia la innovación encontramos las obras del P. José Cassani, SJ,  Glorias del segundo siglo de la Compañía de Jesús e Historia de la Provincia del Nuevo Reino de Granada, ambas consolidan una memoria institucional que fortalece la identidad jesuítica. La galería de “varones ilustres” extiende el proyecto de Nieremberg y Andrade, proponiendo modelos de santidad, virtud y erudición; a la vez, la Historia americana vincula al lector con las fronteras misionales jesuíticas de ultramar.

Continuamos con la Palaestra scholastica del P. Diego de Cuadros, SJ, que sumerge al visitante en el núcleo de la práctica escolar jesuítica: un “gimnasio” intelectual donde los alumnos se adiestraban en el arte de disputar y argumentar conforme al método escolástico. 

Los volúmenes de P. Lorenzo Hervás y Panduro, SJ,  Idea dell’universo (Cesena, 1779) y Escuela española de sordomudos (Madrid, 1795), marcan el tránsito de la erudición barroca jesuítica hacia una ciencia ilustrada: cosmográfica, lingüística y pedagógica. La enciclopedia, fraguada en el exilio italiano tras la expulsión, atestigua su pervivencia intelectual. La obra sobre sordomudos, ya madrileña, aplica ese saber a una educación inclusiva en el ámbito urbano ilustrado. 

Por último el tratado del P. Ramón Diosdado, SJ sobre los orígenes de la imprenta española, con su análisis de talleres, fechas y ediciones princeps, escrito en latín desde Roma, inscribe la tradición hispana en una historia europea de la tipografía, a la que los jesuitas dan su decisiva contribución.

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Bibliographic commentary

The exhibition opens with the section “A College for the Court”, where visitors can see works by Fr. Pedro de Ribadeneira, SJ (1527–1611), a companion of St Ignatius. His Vita Ignatii Loyolae, shown here in the first Neapolitan edition printed by Giuseppe Cacchi (1572) and in an exceptional manuscript copy “cum licentia superiorum” (Naples, 1572), includes the biography of the founder from his conversion in Loyola to his death in Rome. These volumes are accompanied by his Tratado de la tribulación (Madrid, Pedro Madrigal, 1589), in which he explores the Christian meaning of suffering, and his Flos Sanctorum (1761), printed by the master Joaquín Ibarra, a liturgical collection of saints’ lives expanded by Nieremberg and others that allows us to admire Ibarra’s magnificent neoclassical typography.

Saint Francis Borgia completes this group with his Opuscula quaedam pia (Prague, Melantrich, c. 1577), the first Latin version of his devout sermons in a portable sextodecimo format, and the Opera Omnia (Brussels, Foppens, 1675), a large folio compilation containing the life and letters of the third General.

Fr. Juan Eusebio Nieremberg, SJ (1595–1658), opens the second section, entitled “The Culmination of a Project”, with Ideas de virtud en algunos claros varones de la Compañía de Jesús (Madrid, María de Quiñones, 1643), in which he portrays Jesuit models of holiness, and De la diferencia entre lo temporal y eterno (1678), an ascetical devotional work with a transnational impact. The gallery of “illustrious men” continues with Fr. Alonso de Andrade, SJ (Varones ilustres, vol. VI, Madrid, 1667).

School practice is represented in the work of Fr. Bartolomé de Alcázar, SJ, El perfecto latino (1683), a Latin manual for the very young, and in Fr. André Tacquet’s Elementa geometriae (Padua, 1729), which introduces us to the scientific teaching imparted in the classrooms of the Imperial College.

Exegesis shines in Fr. Juan de Pineda’s Comentariorum in Iob (Seville, 1598), with its monumental engraved title page. Scholastic theology appears in Fr. Ripalda, SJ, De ente supernaturali (1644), while in Idea del Buen Pastor (1682) by Fr. Núñez de Cepeda, SJ, beautiful sacred emblems are interwoven with pastoral policy. The Imitatio Christi (trans. Nieremberg, Widow of Ibarra, 1788) culminates in refined Ibarra typography, uniting the Devotio Moderna with Ignatian spirituality.

In the third section, entitled “Walking toward Innovation”, we find the works of Fr. José Cassani, SJ, Glorias del segundo siglo de la Compañía de Jesús and Historia de la Provincia del Nuevo Reino de Granada, both of which consolidate an institutional memory that strengthens Jesuit identity. The gallery of “illustrious men” extends the project of Nieremberg and Andrade, proposing models of holiness, virtue, and learning; at the same time, the American history presented here links the reader with the Jesuit mission frontiers overseas.

We continue with the Palaestra scholastica of Fr. Diego de Cuadros, SJ, which immerses visitors in the heart of Jesuit school practice: an intellectual “gymnasium” where students were trained in the art of disputation and argument according to the scholastic method.

The volumes of Fr. Lorenzo Hervás y Panduro, SJ, Idea dell’universo (Cesena, 1779) and Escuela española de sordomudos (Madrid, 1795), mark the passage from Baroque Jesuit erudition to an Enlightenment science that is cosmographical, linguistic, and pedagogical. The encyclopedia, forged in Italian exile after the expulsion, bears witness to their enduring intellectual vitality. The work on the deaf and mute, now produced in Madrid, applies this knowledge to an inclusive education within the Enlightenment city.

Finally, the treatise by Fr. Ramón Diosdado, SJ, on the origins of Spanish printing, with its analysis of workshops, dates, and editio princeps, written in Latin from Rome, situates the Hispanic tradition within a European history of typography, to which the Jesuits make a decisive contribution.