Tony Bates en Comillas: enseñar sin mapa en la era de la inteligencia artificial
El pionero mundial de la educación a distancia protagonizó un coloquio organizado conjuntamente por la cátedra HALE y el Servicio de Apoyo a la Innovación Docente (SAID) sobre el futuro de la docencia.
18 de junio de 2026
Tony Bates, el autor entre, otros textos, del libro Enseñar en la era digital
Puedes disfrutar los clips y el coloquio completo aquí
Pocas trayectorias resumen mejor medio siglo de educación a distancia que la de Tony Bates. Miembro fundador de la Open University británica y referente mundial del aprendizaje en línea, visitó la Universidad Pontificia Comillas el pasado 18 de junio, y entre otras actividades, fue el protagonista de un coloquio organizado conjuntamente por el Servicio de Apoyo a la Innovación Docente (SAID) y la cátedra HALE, moderado por la directora de esta última, María Seguí. Lejos de ofrecer certezas, Bates dejó una conclusión que recorrió toda la conversación: ante la inteligencia artificial, avanzamos sin mapa.
Al preguntarle qué lo llevó a explorar la educación no presencial y a seguir siendo un referente en este ámbito, Bates lo atribuyó al azar —«una palabra: suerte»—, pero confesó qué fue lo que lo mantuvo durante cuatro décadas: la cercanía que Internet trajo a la enseñanza. Frente al aula masiva donde el profesor «no conoce ni los nombres» de sus estudiantes, la posibilidad de una comunicación inmediata, por medios telemáticos, acercó a docentes y alumnos. Esa relación humana es, a su juicio, el núcleo que ninguna máquina puede sustituir.
De ahí su lectura del nuevo papel docente. Bates fue rotundo: los avatares impartirán las clases magistrales «mejor de lo que puede hacerlo un profesor», y eso no es una amenaza sino una liberación. Muchos académicos son especialistas apasionados por su materia, no tanto por enseñar; la IA puede aliviarles esa carga para que dediquen tiempo a una interacción más personalizada con cada estudiante. Pero advirtió que la IA carece del juicio para intervenir cuando hace falta: la persona debe permanecer en el espacio educativo, supervisando y aportando criterio.
«No creo que se pueda seguir enseñando de la forma tradicional en la era de la IA.
No podemos darle la espalda a la IA; tenemos que trabajar con ella, pero ahí fuera no hay respuestas sobre cuál es el mejor camino. Eso tendrá que salir de la experiencia, de los errores y de la buena voluntad.»
— Dr. Tony Bates
Sobre la evaluación y la integridad académica, su propuesta fue desplazar el foco desde el contenido —donde la IA, sintetizando el conocimiento ya existente, «es mejor que cualquier profesor»—, hacia las ideas nuevas y el desarrollo de competencias como: el pensamiento crítico, la comunicación y la resolución de problemas. El problema es que estas y otras competencias que los estudiantes deben desarrollar no solo son difíciles de definir, sino que ni siquiera existe consenso sobre su significado dentro de cada disciplina. Además, evolucionan con un contexto cambiante. Por ello, corresponde a las universidades, junto con los colegios y asociaciones profesionales, definirlas y acordarlas en un terreno que la propia IA no deja de mover. No hay respuesta fácil. Lo que sí parece evidente es que hay que pensar mucho más en cómo usarán los estudiantes el conocimiento y en cómo prepararlos para que puedan usarlo mejor de lo que lo hace la IA actualmente.
La conclusión más honesta llegó al final. Sobre el papel de las instituciones, Bates —que a sus 87 años bromeó diciendo que prefería «jugar más al golf» antes que desentrañar el funcionamiento de la IA— reconoció no tener la respuesta, «y no estoy seguro de que nadie la tenga». Como los exploradores que «no tenían mapa y a veces morían en el intento», las universidades tendrán que probar, equivocarse y aprender de la experiencia y de los errores. No se le puede dar la espalda a la IA; hay que caminar con ella, aceptando que parte del camino consistirá en equivocarse.
No es un detalle menor: Bates, que ha renunciado a nuevos encargos de consultoría, reconoció que la cátedra HALE es «la única excepción» que ha hecho, atraído por su concepto y sus objetivos; es esta toda una declaración del valor concedido a esta cátedra.
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