Antiguo alumno de Comillas es beatificado

José María Gran es uno de los “Mártires de Quiché”

COMILLAS - CIHS  | 

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La fotografía está tomada de la noticia de vaticannews.va


Entre los tres sacerdotes católicos españoles, junto con siete laicos, beatificados el viernes 23 de abril de 2021, se encuentra José María Gran Cierera, uno de los primeros alumnos de Teología que estudiaron en la recién inaugurada sede de Cantoblanco, tras el traslado de nuestra universidad desde Santander.

El rito de beatificación de los llamados “Mártires de Quiché”, víctimas de la represión militar entre 1980 y 1991, fue encabezado por el nuncio apostólico en el país, Francisco Montecillo, en representación del Papa Francisco.

José María entró en el noviciado de los Padres Misioneros del Sagrado Corazón, en Canet de Mar, Barcelona, en 1965. Hizo su profesión religiosa el 8 de septiembre de 1966. Tras estudiar teología en nuestra Facultad de Teología, ya en su nuevo emplazamiento madrileño, fue ordenado sacerdote en Valladolid (España) el 9 de junio de 1972; tres años después llegó como misionero voluntario a trabajar pastoralmente en la Diócesis de Quiché, en Guatemala.

Sus cinco años misioneros en Quiché los desarrolló trabajando pastoralmente en tres parroquias: de noviembre de 1975 a febrero de 1978 en Santa Cruz del Quiché, cabecera departamental; de febrero a agosto de 1978 en Zacualpa, y de septiembre de 1978 hasta su muerte, en la Parroquia de San Gaspar Chajul. Hombre sensible y de corazón inquieto, pronto se identificó con la gente sencilla y laboriosa de Chajul.

El P. José María Gran descubría la presencia y el rostro de Dios en la gente que sufría por muchas carencias y por las persecuciones; veía cada vez más claro el sentido de la misión y de su compromiso evangélico con los pobres y perseguidos. Era muy consciente de la inestabilidad política que se fue apoderando de estos pueblos por siempre olvidados de las políticas oficiales de desarrollo. Esto era lo que buscaba siempre el P. José María Gran: estar con la gente, a su lado, con su presencia tranquilizadora, corriendo y admitiendo el riesgo de que su presencia podría ser también destruida violentamente. Le dolía ver que cada semana había varios muertos entre los campesinos indígenas chajulenses de su Parroquia, familias que perdían al papá, hermanos, tíos...

El día 31 de enero de 1980, murieron calcinados en la Embajada de España en la ciudad de Guatemala 39 personas, la mayoría de ellos eran campesinos y algunos catequistas del departamento de Quiché. Esto golpeó mucho a la población. Por su rechazo a la violencia, el P. José María Gran fue citado un día por el comandante militar del pueblo de Chajul para que se hiciera presente en las dependencias del destacamento. Empezó una serie de acusaciones, calumnias y sospechas en contra de sacerdotes, religiosas y catequistas. Murió con 36 años en fidelidad al Evangelio.

 

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