En defensa de la laicidad positiva

El rector de Comillas escribe en Ecclesia a propósito de una carta del Secretario de Laicidad

COMILLAS - CIHS  | 

Julio L. Martínez, SJ, rector de la Universidad Pontificia Comillas

Julio L. Martínez, SJ, rector de la Universidad Pontificia Comillas


El ministro de Cultura ha escrito una carta al PSOE en calidad de secretario de Laicidad del partido con el título La laicidad, «religión de la libertad», tomando la expresión entrecomillada de los ilustrados del XVIII. Para completarlo, creo que convendría añadirle «libertad de la religión», algo que también pertenece a la misma entraña de la laicidad, al menos tal como la entiende nuestra propia Constitución de 1978 y una gran parte de los estudiosos del tema.

Habla de los encuentros del Gobierno de España con las confesiones religiosas con notorio arraigo en la sociedad española, más allá de la práctica dominante hasta ahora de tener relaciones con la Iglesia católica y las federaciones de protestantes, judíos y musulmanes. En realidad, supongo que quiere decir que esos encuentros se dan a un nivel jerárquico mayor que en el pasado, porque creo que ya se vienen celebrando desde hace tiempo. Nada que objetar a tal interlocución: ojalá dé muchos frutos y no se utilicen como una vía para restar importancia a los Acuerdos del Estado español con la Santa Sede (1979) y con las otras tres confesiones (1992).

Lo que no encuentro en la carta son señales de que la religión deba tener cabida en el espacio público. Su visión está en la línea de lo que yo llamo «neutralismo con desalojo público de lo religioso»: uno puede ser privadamente tan religioso como quiera siempre que no pretenda que sus creencias tengan repercusión social. En realidad, esa visión suele contener una visión negativa de la religión. El espacio de lo público debe estar a resguardo de cualquier convicción que provenga de la religión, pero no así de otros intereses de índole cultural encarnados, por ejemplo, en movimientos «emancipadores». En nombre de la «neutralidad» se silencia y se amputa una dimensión que lejos de ser perniciosa, puede aportar y aporta mucho a la formación de los corazones y a la convivencia social.

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[Este artículo contiene algunas ideas y expresiones de los papas que por razón de la brevedad y legibilidad no están citadas. En otros trabajos del autor aparecen debidamente referenciadas]

 

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