María Die
Psicología'82 · Psicooncóloga en la Clínica Universidad de Navarra (Madrid) - Ciencias Humanas y Sociales (Comillas CIHS)
Si hay un adjetivo que encaja con María Die es el de pionera. Fue alumna de la primera promoción del Grado en Psicología de la Facultad de Ciencias Humanas y Sociales (Comillas CIHS), donde también leyó su tesis doctoral, convirtiéndose en una de las primeras doctoras en Psicología por la universidad. Perteneciente a una familia con una larga tradición médica —tanto su padre como su abuelo fueron cirujanos oncológicos—, desde muy joven supo que quería dedicar su vida a acompañar a las personas en los momentos más difíciles.
Con una beca Fullbright cruzó el Atlántico para trabajar en el Hospital Bellevue de Nueva York y, más tarde, en el prestigioso Sloan Kettering Cancer Center, donde descubrió la psicooncología. Su trayectoria internacional continuaría en la Facultad de Medicina de la Universidad de Harvard antes de regresar a España para poner en marcha la primera Unidad de Psicooncología dentro del sistema público hospitalario, en el Hospital Gregorio Marañón, donde trabajó durante dos décadas. Hoy desarrolla su labor en el Departamento de Oncología Médica de la Clínica Universidad de Navarra, donde atiende a pacientes, familias y al propio personal sanitario.
Su carrera ha sido reconocida con el premio Arthur Sutherland de la Sociedad Internacional de Psicooncología (IPOS), un galardón que solo ha recibido una veintena de especialistas en todo el mundo en las últimas cuatro décadas y del que María Die es la primera española distinguida. Un reconocimiento internacional a una vida dedicada a humanizar la atención oncológica y a romper el estigma que aún rodea a esta enfermedad.
"La perspectiva humanista y existencial que aprendí en Comillas ha sido fundamental en toda mi carrera"
Entrevista completa María Die
- ¿Qué recuerdas de tus años en Comillas y por qué destacas la formación de la facultad?
Fueron de los mejores años de mi vida. Teníamos un claustro de profesores comprometidos e innovadores, y éramos un grupo muy bueno y con muchas ganas de aprender. Fuimos la primera promoción: éramos como una familia. La formación en Comillas marca la diferencia, es muy buena. Destacaría la internacionalización y el rigor. Los alumni de Comillas están muy bien formados y tienen ambición académica y profesional, lo que hace que la mayoría ocupen puestos de responsabilidad. La perspectiva humanista y existencial que aprendí en la facultad ha sido fundamental en toda mi carrera: la sigo usando cada día con mis pacientes con enfermedad avanzada.
- Con una beca Fullbright cruzaste el Atlántico. ¿Cómo fue esa experiencia y cómo llegaste a la psicooncología?
Al principio me fui a Estados Unidos para trabajar con niños autistas, una inquietud que había surgido mientras estudiaba en Comillas. Instalada en Nueva York gracias a la beca Fullbright, estuve un tiempo trabajando en el Hospital Bellevue, uno de los psiquiátricos más antiguos de la ciudad. Después de un año y medio, y por consejo de mi padre, fui al Sloan Kettering Cancer Center y allí descubrí la psicooncología. Volví a España para presentar los resultados de la investigación y para doctorarme por Comillas con una tesis sobre las náuseas y vómitos anticipatorios en pacientes con quimioterapia. Poco después, los americanos volvieron a llamar a mi puerta y regresé para desarrollar mi carrera en la Facultad de Medicina de la Universidad de Harvard.
- ¿En qué consiste tu labor como psicooncóloga?
Mi labor se basa en acompañar y ayudar a los enfermos en todas las etapas. Las necesidades van variando en función del momento del proceso en el que están. No es lo mismo alguien recién diagnosticado que alguien que está recibiendo un tratamiento, que suele ser muy agresivo y que genera pérdidas de amigos, de funciones… Tampoco tienen las mismas necesidades quienes sufren una recaída. Mi consulta está llena de supervivientes de cáncer que vienen buscando ayuda para gestionar las alteraciones en el estado de ánimo, las secuelas —tanto de la enfermedad como de los tratamientos— o la reinserción social. La gente necesita reconectarse con la vida desde otro sitio. Y no solo atiendo a pacientes: también trabajo con familias y hago formación para el personal sanitario en contacto con pacientes oncológicos.
- Afirmas que el cáncer sigue siendo un estigma. ¿Qué debemos cambiar como sociedad?
No se habla de cáncer. Como sociedad tenemos la obligación de acoger y de ser más empáticos con las personas que sufren, en general, y con los pacientes con cáncer en particular. Soportan un enorme estigma. La desestigmatización pasa, además de por la concienciación social, por la creación de políticas públicas que contemplen la reinserción laboral del enfermo y que flexibilicen sus condiciones laborales. También por apoyar a las familias. En sociedades como la nuestra, afortunadamente, la familia sigue siendo muy importante. Puede interferir o favorecer mucho la adaptación, pero para eso es necesario dotarla de pautas.
"El cáncer es una enfermedad familiar y hay que tratar a la familia entera"
- Tu carrera ha sido reconocida con el premio Arthur Sutherland de IPOS, del que eres la primera española distinguida. ¿Qué supone para ti y qué le dirías a quienes empiezan ahora?
Me siento muy humilde al recibir un reconocimiento a toda una carrera. Es un galardón que solo han recibido una veintena de especialistas en el mundo en las últimas cuatro décadas, y que reconoce especialmente el carácter internacional de mi trayectoria. Estoy profundamente agradecida a quienes me nominaron y seleccionaron: creo que muchos otros son también merecedores de él, y es con ellos con quienes me gustaría compartirlo. A quienes empiezan ahora les diría que aprovechen al máximo el rigor y la vocación internacional que ofrece Comillas. La formación es de las mejores, y esa base humanista marca la diferencia cuando después te enfrentas a la vida y al ejercicio profesional.