Ignacio Pérez Arriaga
Ingeniero electromecánico'70 · Fundador Instituto de Investigación Tecnológica (IIT) - Ingeniería (Comillas ICAI)
Pocas trayectorias unen tan bien la técnica y el propósito como la de Ignacio Pérez Arriaga (Madrid, 1948). Ingeniero del ICAI y referente mundial en la regulación de los sistemas eléctricos, ha dedicado su carrera a una idea que le ronda desde que era estudiante: que la ingeniería sirve, sobre todo, para mejorar la vida de las personas. Es académico de número de la Real Academia de Ingeniería y profesor de Ingeniería, Economía y Regulación del Sector Eléctrico en el MIT y en la Universidad Pontificia Comillas.
Su camino arrancó en un aula de ICAI, donde descubrió a la vez la pasión por la electricidad y la vocación por enseñar. Tras varios años como profesor, una beca lo llevó al MIT y le cambió la mirada. En 1984 fundó el Instituto de Investigación Tecnológica (IIT) de Comillas, que dirigió durante once años, y más tarde fue comisario de electricidad en España, en pleno nacimiento del mercado interior europeo de la energía. Hoy dirige la Cátedra BP de Desarrollo Sostenible en Comillas y asesora a gobiernos de medio mundo.
Pero si algo define su trabajo es una causa: que la energía llegue a todos. Recuerda que aún hay 750 millones de personas sin acceso a la electricidad, y por eso cofundó Waya Energy, con modelos del IIT y el MIT capaces de calcular cómo electrificar cada vivienda al menor coste. Su mensaje a las nuevas generaciones cabe en el proyecto que impulsa, "Ingeniería con propósito": estudiar ingeniería puede valer, literalmente, para cambiar el mundo.
"Hace falta que tengamos una visión de hacia dónde van las cosas y tratemos de influir en una buena dirección"
Entrevista completa Ignacio Pérez Arriaga
- ¿Cómo nació tu pasión por la electricidad… y por enseñar?
Empezó en una asignatura de segundo, de electromagnetismo, con un profesor muy estimulante. La asignatura me capturó y se me dio muy bien: acabé ayudando a mis compañeros a preparar los exámenes y, al año siguiente, dando clase. Así descubrí también mi vocación por la enseñanza. ICAI, además, tiene el tamaño justo para que quien quiere hacer algo se haga notar. Tuve muchas iniciativas; hasta fui cofundador de la tuna, con la que paseé por Europa con mi guitarra durante siete años. De los momentos más memorables de mi vida.
- De profesor en Comillas ICAI a referente mundial en regulación energética. ¿Cómo fue ese camino?
Creo que he tenido suerte, con varios momentos que lo marcaron todo. Tras cinco años como profesor en Comillas ICAI conseguí una beca para ir al MIT, y eso lo cambió todo: la formación fue fundamental, pero allí mutó también mi forma de ver el mundo. Después, por mi trabajo sobre regulación en Latinoamérica, me invitaron a la Comisión Nacional de Electricidad cuando se creó, en 1995, justo cuando se gestaba el mercado interior europeo. Aquello me puso en contacto con reguladores y operadores de muchos países y me abrió casi todas las puertas.
- ¿Qué papel juega hoy la energía y qué tendencias te entusiasman más?
La energía está de moda porque es imprescindible: ahora vemos los problemas de seguridad de suministro, de cambio climático y de precios. En el MIT publicamos un informe, The Utility of the Future, sobre cómo será el suministro eléctrico, y lo más apasionante hoy es lo tecnológico: la digitalización, la descentralización y la participación de los consumidores. Pero hay una urgencia enorme: para librarnos de los combustibles fósiles hay que electrificar la economía. El futuro es renovable, y el reto es que el viento y el sol sean compatibles con un suministro seguro a todas horas.
"Aún hay 750 millones de personas que no tienen acceso a la electricidad"
- Señalas el acceso a la energía como uno de los grandes desafíos globales. ¿En qué punto estamos?
Hemos progresado, pero hoy unos 750 millones de personas no tienen nada de electricidad, y más de mil millones sufren cortes a diario. Sin un suministro fiable no hay industria ni desarrollo económico, social o humano. ¿Por qué sigue pasando? Porque quien no la tiene suele estar aislado y pesa poco políticamente, y porque es caro: solo electrificar Uganda costaría unos 6.000 millones de dólares. En el IIT de Comillas y el MIT, con Waya Energy, hemos creado modelos que calculan la forma más barata de llevar la electricidad a cada casa —con red, minirredes o sistemas aislados—. Lo difícil viene después: el modelo de negocio y la financiación. Por eso ahora asesoramos también a gobiernos.
- ¿Qué le dirías a un joven que quiere dedicarse a esto, y cuál es tu reflexión tras tantos años?
Cada uno tiene su camino; el mío ha sido especial y con algo de suerte. La inquietud por unir tecnología y sociedad la tengo desde que empecé la carrera, aunque tardé en encontrar cómo canalizarla. Por eso impulsamos "Ingeniería con propósito", una plataforma para que quien quiera combinar su profesión con su vocación sepa cómo hacerlo, y para que los jóvenes vean que estudiar ingeniería puede servir para cambiar el mundo. Tras tantos años, mi reflexión es optimista: en el fondo, somos buena gente. Hace falta mirar más al futuro y tratar de influir en la buena dirección. Tenemos la Tierra en nuestras manos.