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Cuando se cumplen 500 años de la Reforma Luterana, la universidad dedica sus tradicionales Jornadas de Teología a analizar la actualidad de su creador, Martín Lutero. Aquí, algunas de las claves por las que el fraile alemán sigue siendo una figura fundamental para la teología y la vida de la Iglesia de hoy.

Texto: José Ganga.

Lutero

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asta hace relativamente poco, los años 40 del siglo XX, el mundo católico asociaba la figura del fraile Lutero únicamente a rasgos negativos. Desde que se produjo la división religiosa del siglo XVI, fruto de la Reforma que dio origen al cristianismo y al protestantismo, Lutero era ante todo un hereje, es decir, alguien que había sostenido con pertinacia doctrinas que se apartaban de la verdad católica y había arrastrado consigo a buena parte de la cristiandad occidental. “Se le vio como un fraile soberbio y orgulloso, moralmente corrupto o psicológicamente desequilibrado”, confirma la profesora del Departamentos de Sagrada Escritura e Historia de la Iglesia, María Jesús Fernández.


"Las preguntas que le asaltaban a él en su momento siguen siendo las preguntas de nuestro tiempo"


Hubo que esperar hasta el nacimiento del movimiento ecuménico (1910) para que este perfil fuera revisado y corregido por parte de los historiadores católicos. A partir de ese momento, Lutero comienza a considerarse como un hombre muy religioso, alguien “que se tomó en serio la relación con Dios y la gravedad del pecado, y que llegó a descubrir la fuerza de la gracia y la misericordia de Dios en Cristo, y cuya actuación no obedeció a un plan premeditado de ruptura con la Iglesia”, confirma Fernández. El protestantismo, por su parte, tendió a considerar a Lutero como un héroe al percibirlo con su carácter y sus defectos, sus aciertos y sus virtudes. Ahora, cuando se cumplen 500 años del nacimiento de la Reforma, la figura de Lutero sigue siendo fundamental para poder trazar un argumento teológico de peso. Conocerlo a él y a su pensamiento es avanzar en el campo ecuménico y la interpretación de sus obras sigue teniendo relieve para los trabajos en este sentido. .


Conocerle a él y lo que históricamente se conoce como “la Reforma”, tiene importancia para cualquier movimiento de reforma en la Iglesia


Tanto es así que las XIV Jornadas de Teología de la facultad estuvieron dedicadas a su figura. “Lutero aparece hoy como alguien que repensó la fe cristiana, en la transición del mundo medieval al moderno, de tal forma que conectó con las necesidades de su tiempo, en las preguntas de los hombres y en el lenguaje vivo, apasionado y existencial desde el que respondió; fue un hombre complejo, cuyos rasgos, que a veces nos pueden parecer contradictorios, no se dejan reducir a una caricatura, porque los seres humanos somos complejos”, cuenta Fernandez. Lutero, lejos de estar aislado, se movía con habilidad por las relaciones sociales, eclesiales y políticas de su tiempo. Quién soy, quién es Dios, cómo me mira Dios, cuál es el sentido de mi vida y de mi muerte, mi destino último… Las preguntas que le asaltaban a él en su momento siguen siendo las preguntas de nuestro tiempo. Además, hoy no existe ámbito de la teología en que no se tengan en cuenta las aportaciones de los teólogos de las distintas tradiciones: la lectura mutua es algo científicamente requerido. “Los estudios bíblicos son uno de los grandes campos cultivados por la teología protestante, por citar quizá lo más relevante”, asegura la profesora de la universidad.

Conocerle a él y lo que históricamente se conoce como “la Reforma”, tiene importancia para cualquier movimiento de reforma en la Iglesia. No en vano, la Iglesia Católica y las Iglesias Luteranas han elaborado un documento conjunto, titulado "Del conflicto a la comunión", en el que han realizado una mirada conjunta a los hechos del pasado y en el que "se resaltan las exigencias que Lutero había planteado en su tiempo y que pueden considerarse satisfechas en la teología y en la práctica de la Iglesia Católica de hoy", confirma la profesora Carmen Márquez. En definitiva, Lutero, que tocó cuestiones esenciales de la vida y la Iglesia, todavía hoy cuestiona, suscita preguntas y aporta luz al pensamiento teológico y la vida de la Iglesia.

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