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menoresCientos de familias de inmigrantes sin documentación están siendo separados de sus hijos en la frontera México con Estados Unidos. La situación viene dándose repetidamente desde hace algunos años, pero este año, las consecuencias han arrojado varios datos. El Gobierno perdió la pista de uno 1.500 menores indocumentados que fueron entregados a familias de acogida tras llegar a los EEUU.

La realidad, sin embargo, es muy distinta. Es el presidente republicano quien ha decidido abrazar la mano dura fronteriza sin que le obligue la ley. 

El fiscal general, Jeff Sessions, anunció ese día una política de persecución judicial del “100 por ciento” en la frontera. En un intento de disuadir la llegada de inmigrantes indocumentados, que ha crecido en los últimos meses, el Departamento de Justicia decidió presentar cargos delictivos contra cualquier persona que cruce ilegalmente de México a EE UU al margen de cuál sea su situación personal, por ejemplo si solicita asilo. Esa decisión de “tolerancia cero” implica convertir en práctica habitual la separación de padres e hijos de una misma familia de inmigrantes cuando son detenidos al entrar sin permiso a EE UU.

El daño irreversible al menor

Según los científicos está casi garantizado que el momento de la separación va a ser traumático y va a inducir pánico tanto en los niños como en los padres, lo cual desencadenará la liberación elevada de hormonas del estrés como el cortisol y la adrenalina, elevará la presión sanguínea y el ritmo cardíaco, la ansiedad y provocará otros síntomas como dolores de cabeza y problemas de estómago.Según Jack P Shonkoff, director del Centro para el desarrollo del niño de la Universidad de Harvard, es incorrecto asumir que los niños más pequeños separados de sus padres son demasiado jóvenes como para recordarlo después y que por tanto saldrán de todo esto relativamente ilesos."Cuando ese sistema de estrés se mantiene activado durante un periodo de tiempo significativo, puede tener un efecto biológico de desgaste. Cuanto más joven eres, más grave es la amenaza".

"No están agitados y gritando, pero por debajo, en sus cuerpos, el sistema de estrés todavía sigue muy activado, en silencio, de manera invisible", dice.Ghosh Ippen dice que emocionalmente algunos niños pueden verse empujados hacia un estado de "duelo traumático".El comportamiento tipo pataleta puede ser remplazado por una ansiedad profunda y depresión."Todo lo que ellos conocen desapareció. El niño está desesperado", dice.

Ahora los profesionales de la salud le están pidiendo a las autoridades estadounidenses que compartan más información sobre el estado mental en el que se encuentran los niños que reciben en los refugios, pero Shonkoff dice que esa aproximación a la intervención es pensar el problema al revés."La respuesta es: la mejor intervención, de lejos, es reunirlos con sus padres", dijo."Es como si esos niños estuvieran siendo envenenados y nosotros nos preguntáramos: ¿Cual es el mejor tratamiento para el veneno que reciben? La respuesta lógica y científica no es buscar el antídoto a ese veneno sino dejar de envenenarlos".

Fuentes: El País

BBC Mundo

 



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