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El trabajo de esta graduada en Enfermería por la Escuela de Enfermería y Fisioterapia "San Juan de Dios" de Comillas ICAI-ICADE es uno de los más bonitos y emocionantes que existen. Desde su puesto de coordinadora de trasplantes de la Organización Nacional de Trasplantes (ONT) contribuye a brindar una segunda oportunidad a aquellos que más la necesitan.

Texto: José Ganga. Fotografía: José Ángel Molina

¿Cómo fue su paso por Comillas?
Vivía en Tres Cantos y tenía un buen trecho hasta Ciempozuelos. Sin embargo, recuerdo el momento de la Renfe como algo muy divertido. Por la mañana siempre teníamos prácticas en hospitales y por la tarde quedábamos en Atocha para ir todos juntos a clase. Años después, cuando lo he hablado con enfermeros de otras universidades, he sido consciente de que tener prácticas todos los días no es tan común. Nosotros las hacíamos de lunes a viernes. Salimos muy preparados.

¿Siempre quiso ser enfermera?
Siempre tuve claro que quería dedicarme a algo relacionado con la salud. No sabía si decantarme por Fisioterapia, Medicina… Finalmente escogí la opción de Enfermería y desde el primer día de clase, que ya empiezas con prácticas, vi que era lo mío.

¿Ha percibido un cambio en la profesión a lo largo de estos años?
Sí, un cambio para bien. Históricamente, Enfermería ni siquiera era un título universitario. Siempre ha sido una profesión muy a la sombra del médico, sin entidad propia. Conseguir que se considerara carrera universitaria fue un gran paso. La lucha ahora son las especialidades (actualmente solo hay dos). En los últimos años han aumentado los créditos de la carrera, y cada vez hay enfermeras más especializadas.

¿Cuando empezó a trabajar?
Tuve mucha suerte, había bastante trabajo. Acabé la carrera en junio y el 1 de julio ya estaba trabajando en el Hospital de La Paz, una suplencia de verano en oncomatología. Bastante intenso para empezar. Fui encadenando contratos de prácticas hasta que, en el 2006, me saqué las oposiciones.


"En Comillas teníamos prácticas todos los días de la semana. Salimos muy preparados"


 

¿Ha dejado de ser una profesión eminentemente femenina?
Yo creo que en los últimos años se está luchando por eliminar esa barrera de las profesiones de hombres y de mujeres. En mi promoción, éramos 90 alumnos y solo ocho eran chicos. Por lo que me cuentan, ahora, la brecha de género es mucho menor. Hace años, los pocos enfermeros que había acababan en puestos de gestión y de coordinación. Aquí, por ejemplo, hasta hace un año, los tres jefes del centro eran hombres. Ahora son tres mujeres. Eso es bueno. Los cambios son lentos pero creo que vamos hacia una sociedad más igualitaria. Eso me demuestra mi trabajo.

Como comentaba, hasta hace un año, el responsable de la ONT era Rafael Matesanz, toda una institución. ¿Ha cambiado mucho desde que se jubiló?
Se le echa de menos porque Matesanz fundó la ONT en el 89 y llevaba más de veinte años trabajando aquí. Él empezó todo esto junto a seis enfermeras. Aunque la actual directora, Beatriz Domínguez-Gil, sigue la misma hoja de ruta y con la misma entrega y dedicación. 

¿Antes del año 89 no se hacían trasplantes?
Se hacían, muy pocos, a nivel local, y solamente de riñón. Había una ley, pero nada efectiva hasta que Matesanz inició esta andadura. Ahora somos 38 personas trabajando aquí, en red, con más de cien equipos a nivel autonómico en 189 hospitales..

Sara Sanchez Entrevista2
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¿Qué es lo que más le gusta de su trabajo?
Mi trabajo me hace creer en el ser humano. Que en el momento más duro, cuando has perdido a un familiar, se acerque un coordinador de la unidad y te ofrezca la posibilidad del trasplante... En ese momento, tener la capacidad de pensar que hay otra persona que puede seguir viviendo gracias a esos órganos me parece algo muy, muy bonito.

¿Cómo es un día en su trabajo?
Muy intenso. Ante cualquier posible donante que surge en cualquier punto de España, nos llaman a nosotros. Para que te hagas una idea, en 2017 tuvimos 2.183 donantes, es decir, una media de siete donantes al día. Nuestro trabajo es hacer llegar esos órganos a quien los necesita. Con cada donante, se movilizan 100 personas. Son muchas donaciones, pero nunca suficientes. El año pasado, por ejemplo, de todo el mundo que falleció, solo el 2% pudo llegar a ser donante.


"En 2017 tuvimos 2.183 donantes, es decir, una media de siete donantes al día"


¿Cómo se distribuyen?
Hay dos criterios: clínico y geográfico. Primero se atienden las urgencias cero, estén donde estén. Si no hay urgencias cero se reparten los órganos por cercanía porque es lo mejor para el órgano, por el tiempo de isquemia —las horas que pueden pasar desde que un órgano se extrae hasta que se trasplanta—, y para el sistema. Puede que no haya ningún receptor en España, entonces se busca en Portugal, Italia, Francia e Inglaterra. A veces, para trasladar un órgano, usamos vuelos regulares. Cuando el traslado es urgente utilizamos aeronaves de compañías privadas. Es un auténtico rompecabezas logístico.

¿Qué pasa si algo sale mal?
La máquina está bien engrasada aunque, a veces, hay incidencias. Una vez hubo un accidente de avión en el que fallecieron los pilotos que trasladaban el órgano. Es un trabajo de mucha tensión pero suele salir todo bien porque todo el mundo colabora con nosotros.

Somos el país número uno en donación de órganos con una tasa de 46.9 donantes por millón de población ¿Cuál es la clave del éxito del sistema?
Es una combinación de varios factores. Uno de ellos es el sistema de salud pública. La gente dona porque sabe que ese órgano va al que más lo necesita, no a quien más dinero tiene. Sin sanidad pública, la donación caería en picado. También influye la forma en la que te acercas a preguntar por la donación. Es fundamental la comunicación y un trato humanizado, algo en lo que se incide mucho en Comillas ICAI-ICADE.

 

 

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