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Pablo Pineda es un malagueño normal que hace cosas extraordinarias. Es el primer síndrome de Down de toda Europa con una carrera universitaria, ha escrito dos libros, tiene una nominación a los premios Goya y una Concha de Plata al mejor actor del Festival de Cine de San Sebastián. Ahora recorre el país ofreciendo conferencias y demostrando que es posible cambiar el mundo y derribar todas las barreras.

Texto: José Ganga. Fotografía: José Ángel Molina

Pablo Pinedaencabezadook

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uede que en algún planeta muy lejano, en alguna de esas galaxias descubiertas no hace mucho, exista una sociedad que vea en la diferencia una virtud. En el planeta Tierra, a fecha de junio de 2017, ese paradigma continúa lejos de imponerse y la realidad es que la diferencia sigue siendo un problema. En el mejor de los casos, un gran problema del que puede surgir un impulso, un reto, una motivación para hacer cosas que, hasta entonces, parecían imposibles, prácticamente extraterrestres. Este es el caso de Pablo Pineda (Málaga, 1974), conocido por ser la primera persona con síndrome de Down en licenciarse en una universidad en Europa y por ganar la Concha de Plata al Mejor Actor en el Festival de Cine de San Sebastián en 2009 por su papel en la película “Yo, también”. Además, fue candidato al Goya a mejor actor revelación. Todo un portento. Alejado del mundo del cine por miedo al encasillamiento, en la actualidad recorre escuelas e instituciones, junto a la Fundación Adecco, para compartir su experiencia y orientar a todo aquel que quiera escuchar su forma de entender las cosas. Una de esas paradas le trajo hasta Comillas ICAI-ICADE. En concreto, nos visitó para participar en TEDxUComillas, una jornada de conferencias, basadas en el famoso formato Ted Talk y organizadas por algunos de nuestos alumnos.


"Durante mi etapa universitaria lo pasé mal. Tenía la sensación de ser compañero de todos pero amigo de nadie"


La de Pineda es una historia de superación en toda regla. Desde el principio, sus padres tuvieron claro que sería una persona independiente y autónoma, y lo educaron para ello. Cursó Magisterio en la Universidad de Málaga, donde se licenció. Fue una experiencia agridulce. “Lo pasé mal porque tenía la sensación de ser compañero de todo el mundo pero amigo de nadie”, asegura. “Vas y vienes por los pasillos en una especie de soledad acompañada. Yo esperaba que al hacer Educación Especial la gente sería más empática, pero al final… todos los jóvenes son iguales”, dice sonriendo. Pese a lo agriado de la experiencia, decidió volver a matricularse, esta vez en Psicopedagogía, una carrera que todavía tiene pendiente de finalizar, a falta de solo cuatro asignaturas. “Es difícil por mi agenda y porque, cuando uno llega a una edad, se pierde el hábito del estudio y cuesta mucho más”, se justifica sin perder la sonrisa.

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Pablo es elocuente en las distancias cortas. No busca la aprobación de su interlocutor, la vida le ha demostrado que no la necesita. Así, de primeras, parece independiente y muy prudente y si se le pregunta se define como “extrovertido, vitalista, alegre, optimista…”, enumera sin intención de destacar ninguno de esos rasgos por encima del resto. Asegura que le gusta el pop de los ochenta y los noventa, que le encanta el cine, aunque no vaya mucho últimamente, y que disfruta brujuleando por Internet. En su opinión, la clave para lograr espacios educativos más inclusivos es abordar la diversidad desde la naturalidad. “Es importante enseñar desde un mismo currículum realista, que sea capaz de enseñar no solo a las personas con discapacidad, sino a todos aquellos que son diferentes”. Precisamente, Comillas ICAI-ICADE es una universidad familiarizada con la diversidad. Gracias a la Cátedra de Familia y Discapacidad: Telefónica-Fundación Repsol-Down Madrid y a sus programas formativos de Técnico Auxiliar en Entornos Educativos y Tecnológicos, EducaDEMOS y TecnoDEMOS respectivamente, una veintena de jóvenes con alguna discapacidad convive con los alumnos de grado y posgrado, enriqueciendo y complejizando el entorno universitario cada curso.


"Es importante ser capaz de enseñar no solo para las personas con discapacidad, también a todo el que es diferente"


Pineda, por su parte, invita a todas las personas con discapacidad a intentar emular sus pasos. “Les va a costar, pero merece la pena”. En la decisión de emprender la senda universitaria las familias juegan un papel fundamental, según el malagueño. “Es importante que te estimulen en casa. En primer lugar tienen que pensar que tienen un hijo al que educar, no una persona a la que cuidar o sobreproteger. Educar conlleva esfuerzo y disciplina. Los padres deben ser padres, no los mejores amigos de sus hijos o algo por el estilo”. Pineda, que prefiere el término ‘personas con capacidades especiales’ porque “cada uno tiene una capacidad diferente”, se queja de la escasa visibilidad que tienen las necesidades afectivas de las personas como él. “El sexo, la afectividad… no se tratan ni en los medios de comunicación ni en la agenda pública. Sin embargo, eso no significa que no existan. Los síndromes de Down somos humanos y tenemos necesidades. Como los demás, sentimos, no somos carne y huesos".

 

                                                                  

 

 

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