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Entrevista antigua alumna EUEF San Juan de Dios

Candela Palomino

Enfermería'25 · Enfermera de hospitalización en el Hospital Ruber Internacional - Comillas EUEF

Candela Palomino es Alumni de Comillas por la Escuela Universitaria de Enfermería y Fisioterapia San Juan de Dios, y desde que terminó el Grado se dedica a lo que ella describe, sin dudarlo, como la mejor profesión del mundo. Su salto al mundo laboral fue casi inmediato: semanas antes de recibir el título ya tenía apalabrado un contrato en el centro de salud Pacífico, muy cerca del Retiro, justo donde había hecho parte de sus prácticas. Un puesto de mañana, de lunes a viernes, con el que sueña cualquier enfermera, que compaginó con la preparación del examen EIR.

Tras un periodo exigente y quedarse a las puertas de la plaza de matrona, encontró su sitio actual como enfermera de hospitalización en el Hospital Ruber Internacional, donde atiende a pacientes de traumatología, cirugía general, oncología y urología, entre otras especialidades. En plena búsqueda contactó con un antiguo profesor, entonces director del centro psiquiátrico San Juan de Dios, y la rapidez y el cariño con que la orden respondió le confirmaron algo que ya intuía: que Comillas le había dejado una red profesional en la que apoyarse.

Hoy vuelve a compaginar trabajo y estudios en turnos de doce horas, con la mirada puesta en conseguir la plaza que persigue y convertirse en residente de matrona. De su paso por la universidad guarda cuatro años que recuerda como felices —acompañada, cuidada y escuchada— y una certeza que la sostiene cada día: no perder nunca de vista la vocación que la trajo hasta aquí.

Candela Palomino
Enfermería'25 · Enfermera de hospitalización en el Hospital Ruber Internacional

«En Comillas me sentí acompañada, cuidada y, sobre todo, escuchada.»

Entrevista completa Candela Palomino

  1. ¿Cómo ha sido tu camino desde que saliste de Comillas hasta hoy? ¿Qué papel jugó la universidad en ese salto al mundo laboral?


Fue muy rápido. Tres semanas antes de recibir el título ya tenía apalabrado un contrato de verano en el centro de salud Pacífico, donde había hecho mes y medio de prácticas: un puesto de mañana, de lunes a viernes, con el que sueña cualquier enfermera. Fue un verano intenso, porque lo compaginé con la preparación del EIR. Después de unos meses duros y de quedarme a las puertas de la plaza de matrona, encontré mi trabajo actual como enfermera de hospitalización en el Hospital Ruber Internacional, donde llevo pacientes de traumatología, cirugía general, oncología o urología. En plena búsqueda me acordé de un profesor de la universidad, entonces director de un centro de San Juan de Dios, y en menos de un día ya estaba en contacto con la responsable de contratación de la orden. Me sentí tan querida y tan respaldada por esa red que, a pesar de las oportunidades que tenía fuera, decidí quedarme en Madrid.

  1. ¿Qué te llevaste de tu paso por la universidad que sigues usando en tu día a día?


Siempre digo que en Comillas fui feliz durante cuatro años. Me sentí acompañada, cuidada y, sobre todo, escuchada. Lo que de verdad marcó la diferencia fueron las prácticas. No olvido mi primera rotación en Neurología, en el Hospital Ramón y Cajal, donde aprendí desde una toma de tensión hasta la carga real de trabajo de una enfermera. Tampoco mis prácticas en el SAMUR, que me hicieron replantearme por primera vez la profesión y cambiaron radicalmente mi visión de ella. Y guardo con especial cariño tres meses en cuidados paliativos en el hospital oncológico de Coimbra: allí aprendí lo que es el acompañamiento humano, a escuchar y a empatizar sin siquiera hablar el mismo idioma. Creo que esa oferta de prácticas es la que nos convierte en profesionales globales.

  1. ¿Hubo alguna oportunidad que marcara un antes y un después?


Sin duda, el cuatrimestre de Erasmus en el hospital de Coimbra. Roté en un servicio que, al principio, pensé que no me iba a gustar, y me cambió por completo la perspectiva de la enfermería. Allí no aprendí a pinchar ni a poner medicación: aprendí valores que hoy me parecen imprescindibles como profesional de la salud. Además, la experiencia me hizo madurar y crecer como persona hasta convertirme en quien soy hoy.

  1. ¿Qué aprendiste fuera de los libros al empezar a trabajar?


Que los libros te dan la mejor base posible, el conocimiento, pero que en la realidad hay mil circunstancias que no caben en ellos. Soy una persona nerviosa y muy autoexigente, y me costó semanas salir del "rol de estudiante" y creerme que era yo quien tomaba las decisiones y tenía criterio propio. En ese proceso me equivoqué, y aprendí a convivir con el error de la mano de mi supervisora, que me dijo una frase que repito cuando algo sale mal, en el hospital y en la vida: "quien no trabaja con medicación no se equivoca con la medicación". Aprender a perdonarme y a seguir adelante ha sido una de las lecciones más importantes de este tiempo.

  1. ¿Qué le dirías a alguien que hoy está en tu carrera pensando en su futuro?


Que disfrute del proceso: de cada hora de prácticas, de los exámenes, de las oportunidades que Comillas ofrece en el extranjero, del trabajo de fin de grado. Que se rodee de personas que le hagan mejor profesional y se apoye en los profesores que le inspiren. Y que pierda la vergüenza, porque con ella "ni se come ni se almuerza": que aproveche los contactos, que no tenga miedo de preguntar ni de enviar su currículum, porque a los alumnos de Comillas se nos valora mucho y seguro que hay un hueco para cada uno. El futuro no se sabe, pero si disfrutas del camino y te esfuerzas al máximo, la recompensa llega. Sobre todo, que no olvide nunca su vocación ni el motivo por el que eligió enfermería: no perder esa perspectiva es lo que te convierte en mejor profesional.

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