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Catecismos reformados: Erasmo, Lutero, Calvino...

El paso de los siglos ha acumulado herencias caducas en la vida y la práctica eclesial. Esta realidad se suma a las inquietudes de los príncipes que encuentran en la religión la identidad deseada para las nuevas naciones. El proceso desemboca en la separación entre la Iglesia reformada y la católica.

Los catecismos se convierten, en este escenario, en un instrumento privilegiado para la difusión de la nueva forma de interpretar la religión católica. Con este objetivo, los textos adquieren un tono divulgativo que busca la lectura por parte del pueblo llano para lo que son escritos en lenguas vernáculas. Su divulgación es facilitada por las nuevas oportunidades ofrecidas por la imprenta. Se cuentan hasta una treintena de ediciones hasta llegar a los famosos Catecismo Mayor y Catecismo Menor de Lutero (1483-1546).

El primero está dedicado a los pastores y a los padres de familia que han de ser los primeros impulsores de la educación religiosa. El segundo sintetiza, en forma de preguntas, los principales puntos que han de ser objeto de la instrucción de los niños, su principal apuesta.

El esfuerzo trata de devolver la centralidad a la figura de Jesucristo despojándola de elementos y tradiciones que se atribuyen a la cultura y no al núcleo de la fe.

De esta forma, la Iglesia reformada afrontaba la preocupante ignorancia de los mínimos fundamentos de la fe que era perceptible entre los creyentes; así, para Calvino, la instrucción religiosa es imprescindible para la participación eclesial, de modo que estructura un complejo proceso formativo que otorgue una estructura suficiente.

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