Almudena Martorell
Psicología'01 · Presidenta ejecutiva de la Fundación A LA PAR · Consejera independiente Atresmedia - Comillas CIHS
Almudena Martorell es Licenciada en Psicología por la Universidad Pontificia Comillas, formación que cursó en el campus de Cantoblanco (Comillas CIHS) y que completó más tarde con un Doctorado en Psiquiatría y un MBA.
De su paso por la universidad recuerda, sobre todo, una ilusión: la certeza de que todo era posible y de que había infinitas cosas por hacer para mejorar el mundo. Esa energía, que atribuye en buena parte al ambiente ignaciano del "en todo amar y servir", sigue siendo hoy el motor de su trabajo.
Al frente de la Fundación A LA PAR es la última de una historia de mujeres en la que el legado no ha sido material, sino una herencia de cuidado a los demás.
La organización nació en 1948 de la mano de su bisabuela, acogiendo a hijos de enfermos de lepra y a niños en riesgo de exclusión; con el tiempo, su madre reorientó el proyecto hacia las personas con discapacidad intelectual.
Hoy la fundación abarca desde la educación básica hasta los programas de empleo y los proyectos de vida independiente.
Almudena entiende el liderazgo como una forma de servicio: adaptar el mundo para que todos puedan brillar, sin imponer. Su misión, dice, va más allá de que "salgan los números": consiste en trasladar a la sociedad la valía de las personas con discapacidad intelectual y en defender que cualquier lugar mejora cuando sabe acoger la diversidad. Una convicción que enlaza directamente con lo que aprendió en las aulas de Comillas.
«El éxito no se mide por tu salario, sino por tu capacidad de transformar la vida de los demás.»
Entrevista completa Almudena Martorell
- ¿Qué recuerdos guardas de tu etapa como estudiante de la Universidad Pontificia Comillas?
Al recordar mi etapa en la universidad lo que me viene siempre es la ilusión de cambiarlo todo, esa sensación de que todo era posible y de las infinitas cosas que podías hacer. De aquello siempre queda algo, y creo que ese sigue siendo el motor para intentar mejorar las cosas cada día. Había un ambiente, que supongo que tenía que ver con la espiritualidad ignaciana, en el que los amigos teníamos siempre vocación de servicio: estábamos en el "en todo amar y servir". Todo lo que hacíamos se planteaba desde la ayuda al otro, y fue una constante durante los años de carrera.
- ¿Fue entonces cuando nació tu compromiso con la inclusión de las personas con discapacidad intelectual?
En mi caso es una historia de mujeres en la que el legado no ha sido material, sino una herencia de cuidado a los demás. Casi lo llevo en la genética. A LA PAR arrancó con la fundación que creó mi bisabuela en 1948, que por entonces acogía a hijos de enfermos de lepra que no podían vivir con sus padres por el riesgo de contagio, además de otros niños en riesgo de exclusión. Cuando la lepra se erradicó y la fundación estuvo a punto de cerrar, mi madre cambió el rumbo hacia el trabajo con personas con discapacidad intelectual, porque detectó que esos niños no tenían adónde ir. De pequeña yo corrí muchísimas veces por estos pasillos.
- ¿Qué papel crees que deben desempeñar hoy las universidades?
Ahora, más que nunca con la inteligencia artificial, quizá el conocimiento vaya a tener menos peso que la manera en que te enfrentas a una profesión. Y está claro que lo más puramente humano es el cuidado del otro; era ya importante y probablemente cada día lo sea más, sobre todo en las carreras de vocación social. Creo que la universidad debe inculcarnos que el éxito no se mide por tu salario, sino por tu capacidad de transformar la vida de los demás, y las universidades son fundamentales para trasladar eso al alumnado. Comillas siempre nos lo transmitió. Que me estéis entrevistando a mí es un buen ejemplo, ¿no?
- ¿Crees que la experiencia universitaria puede ser transformadora?
Mucho. La experiencia del entorno, con tu grupo de amigos y los profesores, es importantísima. De Comillas recuerdo a un grupo de jesuitas que además eran psicólogos y tenían una práctica muy humanista, vinculada a la espiritualidad; esa gente hacía de Cantoblanco un lugar especial para estudiar Psicología. Y había profesores magníficos que te inspiraban por su vocación de seguir leyendo e investigando, y otros por su vocación de servicio. Yo me fui con Fátima Miralles a Sierra Leona a trabajar con niños soldado: llegamos las dos sin saber muy bien qué íbamos a encontrar, en plena guerra civil, y resultó una experiencia transformadora. Ahora, además, Comillas ha incorporado la experiencia de Demos, que cuánto habría disfrutado yo en mi época: la presencia de un alumnado tan especial va transformando los espacios y los encuentros.
- ¿Hacia dónde camina A LA PAR?
Hacia lo que para mí es la esencia de Europa: un estado de bienestar donde nos cuidamos todos y nadie se queda fuera. Como europeos, estamos obligados a cuidar de las personas que necesitan apoyo, y me parece un valor precioso. Pero tenemos que entender que las personas con discapacidad intelectual tienen mucho que aportar. Durante mucho tiempo, mientras unos remábamos, otros iban detrás; ahora se suman y reman también ellos. Todos trabajamos para que cada uno pueda ocupar su lugar productivo y válido en la sociedad. Porque cuando una sociedad sabe acoger la diversidad, la vida mejora para todos.