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Por Aracely Martínez.

A este evento asistieron académicos y activistas representantes de las principales universidades y centros de investigación que se interesan en el estudio de la migración internacional. Es la primera vez que se realiza un evento de este tipo en dicha reunión académica, pues las migraciones han sido un tema poco tomado en cuenta hasta ahora. Ha sido necesaria una crisis de niñez y adolescencia migrante no acompañada en 2014 para que los ojos académicos y gubernamentales noten que existe un problema transversal a todas las agendas, tanto en Guatemala como en Estados Unidos.

En el foro se presentaron las investigaciones que cada uno lleva a cabo actualmente, las cuales se refieren a temas muy diversos (niñez migrante, comunidades de origen, deportados y organizaciones de migrantes, entre otros)[1]. Además, discutimos los desafíos que tenemos para el estudio de las migraciones en Guatemala, que resumo en esta ocasión como un aporte al debate.

El principal reto con el que trabajamos en Guatemala es la carencia de datos estadísticos actualizados, desagregados por sexo, edad, tipo de migración, etc. El Estado tiene una deuda inmensa con el país al no contar todavía, después de 13 años, con un censo nacional que refleje quiénes somos. Nuestras fuentes de datos son aproximaciones y estimaciones demográficas que no muestran la realidad, por lo que debemos reconstruir, como si fuera un juego de Lego, los datos más básicos de la población, y ya no digamos de las migraciones, que han sido olvidadas sistemáticamente en los registros estadísticos nacionales.

Esto se relaciona con un desafío institucional en cuanto a la debilidad o inexistencia de instituciones que trabajen en el tema migratorio. También carecemos de una legislación apropiada y actualizada para el tratamiento de las migraciones, así como de voluntad política desde las instituciones de Gobierno para darle prioridad al tema[2]. Al respecto, también tenemos el reto de lograr incidir en los ámbitos de justicia y de política pública para denunciar violaciones a los derechos humanos de los migrantes en origen, tránsito, destino y retorno.

Otro aspecto tiene que ver con la mirada académica sobre “las migraciones” impuesta desde la agenda global. Nos enfocamos en la migración internacional, pues es la más visible, la que en 2014 generó 5 000 millones de dólares en remesas y nos afecta como país de origen, tránsito, destino y retorno (ya vamos por 51 591 deportados desde México y Estados Unidos en lo que va del año). Sin embargo, siguen pendientes el debate crecimiento económico versus desarrollo de las poblaciones a través de las remesas, el debate construcción del sujeto migrante como víctima versus este como agente, la necesidad de trascender del enfoque mediático victimista y sensacionalista de la migración y transitar del enfoque de seguridad nacional al derecho a migrar o no migrar en condiciones que no vulneren a las personas.

Por otro lado, hemos olvidado las migraciones estacionales a zonas agroexportadoras, los desplazamientos a la frontera con Chiapas para el trabajo agrícola estacional, la migración a zonas urbanas y la inmigración desde países muy diversos, cuyas causas y efectos también configuran nuestra sociedad. Además, hemos transitado, sin pensar mucho en ello, de un enfoque nacional a uno regional como frontera sur y Triángulo Norte, cuya categoría ha sido impuesta desde fuera y asumida por nosotros.

El enfoque de género también necesita ser reforzado, pues no es lo mismo migrar como hombre que como mujer. Es necesario visibilizar los procesos que ocurren en ambos sexos, la exclusión, el empoderamiento, el ciclo de vida migrante, la paternidad-maternidad transnacional y otros aspectos poco tratados en la investigación guatemalteca.

Al respecto, nuestra agenda académica se encuentra dispersa y carente de fondos propios que generen investigaciones consistentes, profundas y amplias sobre la realidad migratoria del país. Los pocos fondos disponibles, derivados de la cooperación internacional o de proyectos consultores, nos han permitido contar con un conocimiento limitado, superficial, poco articulado y dirigido a satisfacer la demanda de información según las modas y crisis del contexto global (ahora son los niños y las niñas migrantes no acompañados; ¿qué será el próximo año?).

En este sentido, tenemos el desafío de desarrollar una agenda propia que examine la diversidad de las migraciones en sus causas y efectos, tales como las nuevas familias migrantes transnacionales, los nuevos tipos de migrantes, la construcción de redes y comunidades transnacionales y los nuevos actores colectivos que conforman asociaciones de migrantes en los países de origen y destino. Asimismo, es necesario revisar cómo se están formando nuevas identidades transnacionales gracias a los cambios y las facilidades que proporciona la tecnología, que impactan en las personas, las familias, las comunidades y la sociedad en su conjunto.

Finalmente, necesitamos marcos teóricos adecuados para Guatemala que nos permitan reflexionar sobre nuestra realidad compleja y construir marcos epistemológicos y metodologías multisituadas para el tratamiento de espacios geográficos y campos de estudio diversos. Y sobre todo es importante que sigamos visibilizando la problemática migrante y construyendo redes con actores de la sociedad civil, la academia, el Gobierno y organismos internacionales para la incidencia en política pública y para una adecuada gestión de la migración desde plataformas de investigación y acción colectiva fortalecidas. Quizá así avancemos poco a poco.


[1] Universidad Rafael Landívar: Sindy Hernández y Ruth Piedrasanta. Universidad de San Carlos de Guatemala: Lesbia Ortiz y  Álvaro Caballeros. Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (Flacso): Ana Silvia Monzón. Instituto Centroamericano de Estudios Sociales y Desarrollo (Incedes): Danilo Rivera y Kathryn Klass. Universidad del Valle de Guatemala: Aracely Martínez (coordinación).

[2] Sobre este tema, la Comisión del Migrante del Congreso de la República presentó una propuesta de ley de migración en enero de este año, que todavía está pendiente de ser aprobada



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