El dilema de la comunicación en el siglo XXI

Las XXVI Jornadas de Filosofía llevaron por título “Pensar la comunicación”

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Las XXVI Jornadas de Filosofía llevaron por título “Pensar la comunicación”

Las XXVI Jornadas de Filosofía llevaron por título “Pensar la comunicación”


Un año más se han celebrado las Jornadas de Filosofía en su vigésimo sexta edición, en esta ocasión organizadas por el Departamento de Filosofía y Humanidades y el de Traducción e Interpretación y Comunicación Multilingüe de Comillas CIHS. Las jornadas de este año se han centrado en la comunicación. Desde diferentes perspectivas han intentado responder a los desafíos presentes de un panorama hiperconectado. ¿Nos lleva esto a una mejor y más profunda comunicación? ¿Alberga esta interconexión un aislamiento con respecto a nuestro entorno?. “En estas jornadas nos preguntamos, entre otras cosas, dónde queda la comunicación como apertura al aprendizaje y al saber, o como paso a la comunión y a la construcción y fortalecimiento de lo común, más allá de brindar mera información”, nos dice Ricardo Pinilla, director del Departamento de Filosofía y Humanidades de Comillas CIHS y encargado de inaugurar las jornadas.

Las jornadas comenzaron la mañana del 20 de abril en Cantoblanco, con un sugerente panel de comunicaciones, en las que se planteó el tema desde diversas perspectivas. En la sesión de ponencias, la tarde del 21 en Alberto Aguilera, el primero en participar en el debate fue el profesor de la Universidad del País Vasco, Javier Echeverría. El profesor explicó los conceptos de la comunicación, el lenguaje y la memoria ligados a la tecnología. “Ante la memoria mental y la impresa, ahora surge una nueva memoria que es la tecnológica”, aseguraba. Una memoria de la que todos hemos formado y seguiremos formando parte en algún momento, según el término utilizado por Echeverría, como tecnopersonas cuyos mensajes permanecerán bajo el control de quienes hoy compiten por ese espacio, las grandes compañías tecnológicas o los señores del aire, y por nuestras vidas allí dentro, es decir, nuestros datos. “Este es un asunto más trivial de lo que parece. Alguien que difunde su mensaje a través de medios digitales, como esta grabación que se está haciendo ahora mismo, sigue siendo una persona, pero también se convierte en una tecnopersona”, explicó Echeverría.

En una jornada sobre filosofía y comunicación, era casi imposible no hablar del semiólogo Umberto Eco. Helena Lorenzo Miralles, su traductora y alumna, profesora hoy de la Universitá degli studi di Trieste, dio una clase magistral de traducción centrándose en los conceptos filosóficos, poniendo multitud de ejemplos, no sólo de la obra de Eco. “Traducir la filosofía es forzar la lengua, en primer lugar, para que se diga lo que nunca se ha dicho en esa lengua o, de alguna manera, no se ha dicho de ese modo, es decir, es reinventar una lengua en términos filosóficos”.

Las jornadas de filosofía continuaron al día siguiente, con invitados con el catedrático emérito de la Complutense, Juan Benavides y el profesor de Comillas CIHS, Roberto Rodríguez. Ambas ponencias se centraron en la comunicación como disciplina. Benavides hizo un análisis crítico de la evolución que han experimentado los medios en los últimos años, la forma de ofrecer información, el nuevo contexto mediático y las oportunidades y riesgos que ofrece. Entre ellos, el lenguaje cortoplacista, especialmente emocional y alejado de los hechos, denunciando las actuales dependencias económicas que someten la presunta libertad de prensa. Roberto Rodríguez reinvidicó una ética de la persuasión en la comunicación política, estableciendo las diferencias con la seducción, la disuasión, la coacción y la manipulación. Diferencias que no dejan de ser importantes cuando estas hacen la distinción entre una acción ética y otra que no lo es.