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Los especialistas coinciden en que es necesario "despatologízar" los problemas mentales. Estos deben ser abordados, más que desde la medicina clínica, desde diversas perspectivas que van de lo psicológico a lo social, sin olvidar las emociones.

Texto: José Ganga.

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l término enfermedad tiene su origen en el modelo biomédico y recoge las alteraciones físicas o biológicas que, en ocasiones, manifiestan las personas. Aclarado el significado, ¿es correcto hablar de enfermedad cuando nos referimos a un problema psicológico? “Los psicólogos somos más partidarios de emplear el concepto de salud, en lugar de enfermedad, ya que consideramos que tanto los procesos de salud como los de enfermedad son el resultado de una interacción entre factores biológicos, psicológicos y sociales”, afirma Isabel Espinar, directora del Máster en Terapia Cognitivo-Conductual con Niños y Adolescentes de Comillas, uno de los másteres propios de especialización que ofrece la universidad y que pueden cursarse junto con el Máster en Psicología General Sanitaria.

Escuchar a las emociones

“En algunas ocasiones lo que llamamos ‘enfermedad’ tiene que ver con dificultades para simbolizar o atender a algunas emociones que están llenas de inteligencia y sabiduría y que, sin embargo, son difíciles de aceptar para la persona (debido a reglas culturales, familiares, experiencias pasadas)”, afirma Rafael Jódar, director del Máster en Psicoterapia Humanista y Psicoterapia Focalizada en la Emoción. “En otras ocasiones, la persona utiliza formas de comunicar sus emociones o necesidades que no son eficaces en su entorno social, generando conflictos innecesarios o desencuentros a veces dolorosos. En otras, sin embargo, los problemas están enraizados en vivencias pasadas que han dejado una huella emocional que pervive en el día a día de la persona (abandono, humillaciones o traumas). En otras ocasiones, los síntomas son, en realidad, experiencias afectivas que desbordan a la persona y se hace necesario adquirir formas de manejar y regular la intensidad de lo que se siente para poder entender lo que se necesita, sin que ello arrase con la estabilidad personal”, asegura.


Las etiquetas diagnósticas pueden estigmatizar a las personas. Además, aumentan la experiencia y sensación de desprotección e indefensión


Coincide con los anteriores Gonzalo Aza, director del Máster en Terapia Familiar Sistémica. “El objetivo de la psicoterapia no consiste en encasillar al paciente en un diagnóstico psicopatológico, sino en forjar planteamientos, estrategias o acciones que estructuren la mejor manera de ayudar a las personas a aliviar sus dolencias o solucionar sus problemas”.

"Despatologizar" la enfermedad

De lo anterior se deduce que urge dejar de considerar los problemas mentales como patologías. “El peligro de patologizar viene dado por la forma en que se pretende enmendar, desde un modelo más biológico que psicológico, los problemas que nos traen a las consultas. Sabemos que a golpe de pastillazos la solución puede convertirse en el problema”, sentencia Aza. Una postura que no excluye la colaboración con otros ámbitos medico-sanitarios. “Con todo lo anterior, sabemos que no debemos ignorar la perspectiva bio-psico-social, lo cual hace que podamos compartir o complementar las intervenciones con otros profesionales del ámbito de la salud mental, como es el caso de los psiquiatras”, aclara.

Para Jódar, la despatologización de las enfermedades mentales es fundamental. “Las etiquetas diagnósticas pueden estigmatizar a las personas, y además aumentan la experiencia de desprotección e indefensión, pues inconscientemente tendemos a inferir que ha de venir un experto a extirpar el mal que sufrimos. Si entendemos la dificultad como una fuente de información relacionada con lo más nuclear de nuestra vida, podemos afrontarlo como una oportunidad, ante la que nos sentimos más fuertes, implicados y llenos de responsabilidad”, asegura. “Al otorgar un carácter de patología o enfermedad a las dificultades y malestares que es frecuente que se experimenten, se hace menos probable la búsqueda de recursos personales que permitan un mejor manejo de las situaciones”, corrobora Espinar.


"En algunas ocasiones lo que llamamos ‘enfermedad’ tiene que ver con dificultades para simbolizar o atender a algunas emociones que están llenas de inteligencia y sabiduría "


Un objetivo, tres escuelas

Los tres coinciden en la necesidad de cambiar la etiqueta, pero plantean diferentes formas de aproximarse a los problemas. Tres posturas o terapias que coinciden con los tres másteres que dirigen. “La mirada integradora es, sin duda, una característica de los estudios de Comillas, que combina apertura ante muchas formas de abordar la dificultad”, apuntan. Nuestra universidad incluye en su oferta formativa un máster doble en el que se puede combinar el Máster en Psicología General Sanitaria con tres itinerarios de especialización terapéutica, únicos en España.

Nuestros estudios están orientados hacia la especialización. Somos conscientes de que el abanico de escuelas terapéuticas es muy amplio y de que la formación global debe posteriormente ayudar al alumno a decidir hacia dónde quiere dirigir sus pasos en el comienzo de su trayectoria profesional. Consideramos que la formación plural que se obtiene en el primer año del máster es un paso previo para posteriormente adquirir un mayor proceso de especialización que le permitirá convertirse en un profesional competente y preparado para responder a las demandas existentes hoy en día, para lo que la especialización es un requisito imprescindible”, asegura Espinar.

De manera sintética, el Máster en Psicoterapia Humanista Experiencial y en Psicoterapia Focalizada en la Emoción trata de generar experiencias de aprendizaje para que el psicoterapeuta en formación vaya afinando las habilidades necesarias para el proceso terapéutico. El Máster en Terapia Familiar Sistémica, por su parte, permite una capacitación para el desarrollo y puesta en marcha de programas de intervención en distintas problemáticas psicosociales que implican a los sistemas familiares, sus redes sociales y otras instituciones y profesionales. Por último, el Máster en Terapia Cognitivo-Conductual con Niños y Adolescentes propone abordar los problemas desde el paradigma cognitivo-conductual, un método que ha demostrado su eficacia en la intervención de los problemas infanto-juveniles más prevalentes hoy en día. Además, nuestro programa en terapia cognitivo-conductual infanto-juvenil es el único que existe en España.

En este último máster se insiste “en la necesidad de realizar una buena evaluación de la problemática que presenta el niño/adolescente siempre en relación a los contextos sociales en los que éste se desenvuelve. Los contextos familiar y escolar son especialmente relevantes, ya que son los espacios de socialización por excelencia en los que tiene lugar el desarrollo de los menores y son entornos clave para lograr su adecuado ajuste psicosocial”, asevera Espinar.

“En el Master en Terapia Familiar Sistémica a los alumnos se les capacita para ser expertos en mirar a las personas, siempre conectadas en relaciones significativas. Se convierten en expertos en la comunicación humana donde adquieren habilidades y herramientas amplias para facilitar la comunicación”, cuenta Aza. “Ser terapeutas conlleva trabajar con los propios dolores emocionales, estar presentes, activar recursos y agrandar el sentimiento de cercanía, admiración y calidez hacia los pacientes”, concluye Jódar.

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-Entrevista a Leslie Greenberg

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