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Más de 2.700 trabajadores sociales han salido de las aulas de la Universidad Pontificia Comillas ICAI-ICADE desde 1983. Estos antiguos alumnos tienen unos perfiles muy diversos, pero todos comparten una característica: son profesionales formados para el cambio social, influyen en la sociedad y la transforman para mejor.

L.T.G. Fotos: J.A.M.

Estela Plaza

E

stela dirige una ONG que interviene con 2.000 personas cada año. Elena atiende a niños enfermos y a sus familias. Ignacio es el responsable de los servicios sociales de un distrito con más de 150.000 vecinos y Ricardo, José Luis y Jesús llevan casi 25 años trabajando en el programa de acción contra las drogodependencias y el alcoholismo de una gran empresa pública.

Sus tareas, responsabilidades e incluso rutinas tienen poco que ver unas con otras, pero todos comparten educación y vocación. Son trabajadores sociales formados en Comillas, profesionales para el cambio social.

Mujeres Opañel es una ONG que nació a principios de los noventa para mejorar la calidad de vida de las mujeres y sus familias, y fomentar su autonomía y su promoción personal. Su directora Estela Plaza comenzó en la mesa de la entrada, haciendo la primera atención a las mujeres que llegaban a la asociación. Hoy dirige un equipo de 37 personas, en las comunidades de Madrid y Castilla-La Mancha.

Su trabajo es que las cosas funcionen: personal, innovación, presencia institucional, búsqueda de fondos…“En las organizaciones tiene que haber alguien que se dedique a la gestión", explica. Una labor de gestión y planificación, que no suele estar en la mente de los alumnos que estudian Trabajo Social, y a la que ella incluso dedicaría más horas de formación. “Cuando yo salí, las trabajadoras sociales no éramos jefas de nada. Ahora, con la homologación de títulos, puedes ser la responsable de un equipo multidisciplinar. Es algo que nos da miedo, la gestión del dinero, de los fondos, pero ¿por qué vamos a dejar que la política social nos la haga gente que no es de lo social? Para gestionar bien lo social, y gestionar los recursos económicos, hay que atreverse y ponerse a ello”, afirma.


ESTELA: "¿por qué vamos a dejar que la política social nos la haga gente que no es de lo social?"


Elena Cata

Su éxito pasa por lograr la igualdad entre hombres y mujeres. ¿Se está logrando? “Soy muy exigente. Si no trabajamos la igualdad, las consecuencias de la desigualdad, como la violencia de género, van a seguir activas”, explica. Por eso, no puede estar satisfecha con las cifras anuales de muertes por violencia machista. “Hasta que no consigamos considerar a la persona que está al lado igual que nosotros, y que no haya ninguna opción de ejercer ningún tipo de poder, creo que las cosas van a seguir complicadas", resume. Igualdad, empoderamiento y autodeterminación son sus herramientas de trabajo. “Estamos intentando ayudar, apoyar y respetar las decisiones de las propias personas”.

Trabajo social sanitario
El día a día de Elena Cata es bien distinto. Forma parte de la Unidad de Cuidados Paliativos Pediátricos de la Comunidad de Madrid, creada en 2008. Este servicio médico, con sede en el Hospital Niño Jesús, está compuesto por profesionales de la medicina, la enfermería, la psicología y el trabajo social. “Es un servicio pionero, porque presta atención continuada y garantiza la continuidad asistencial", aclara.

Su labor como trabajadora social está especialmente centrada en la familia: “hacemos una valoración social, aportamos los datos al equipo, y acompañamos a la familia hasta el momento del fallecimiento y el duelo”, relata. Ella hace atención directa en el domicilio, y también está pendiente de orientar a cada familia en función de su situación y ponerles en contacto con otras entidades que les pueden ayudar y servir de apoyo. Una labor especial es la que hace con los hermanos, “porque cuando un niño enferma, los hermanos son los grandes olvidados, y también hay que prestarles atención”.

Su satisfacción laboral es alta, se siente realizada y está convencida de estar participando en un cambio. En su centro, dice, ya se cuenta con la experiencia del trabajador social en todos los ámbitos. “Es verdad que es un hospital dedicado a la infancia y que tiene una sensibilidad especial. Siempre se ha tenido en cuenta la parte lúdica, la parte humana, la parte escolar… y todos esos ámbitos tocan al trabajador social. Desde siempre he vivido eso con mucho reconocimiento y apoyo de todos los compañeros”, reconoce. "Realmente trabajo en equipo, asisto a las sesiones clínicas, de pase de guardia, se me toma en consideración como un compañero más. Esta forma de trabajar lo facilita mucho, y creo que la familia lo siente".

Servicios sociales
Ignacio Santas es el jefe del Departamento de Servicios Sociales del Distrito de San Blas-Canillejas, y como tal organiza los recursos humanos del departamento, y planifica y supervisa el funcionamiento de los centros y la atención social primaria que presta el Ayuntamiento de Madrid en el área. “Desde que estoy en un puesto de gestión, tengo que simultanear lo aprendido en cuanto a planificación, Ética, Sociología, incluso Derecho”, explica.

Él es uno de esos trabajadores sociales que siempre se vio en puestos de atención directa. “Mientras hacía la carrera trabajaba en un piso tutelado como cuidador, así que llegar a dirigir un departamento, donde apenas atiendo al público, salvo reclamaciones y casos aislados, no era lo que soñaba. Sin embargo, sigo sintiéndome trabajador social a pesar de que mi tarea cada vez se diferencia más del desempeño que tenía en mente”. Ahora gestiona el trabajo social que un equipo de casi 50 profesionales lleva a cabo cada día, “y a la vez intento que los vecinos del distrito tengan más oportunidades y bienestar”, cuenta.


IGNACIO: "a pesar de las dificultades, la estructura y las situaciones, intentamos ser profesionales para el cambio social"


Para Ignacio, "los servicios sociales son la figura de referencia para la ciudadanía y, en cierto modo, responsables de ofrecer oportunidades de cambio", a través de la relación de ayuda y de los recursos a su alcance”. "A pesar de las grandes dificultades del sistema, de la estructura social actual y de las situaciones que viven las personas con las que trabajamos, intentamos ser eso, profesionales para el cambio social”, afirma.

Ignacio Santas
Ricardo Chacón, José Luis Martín y Jesús Moreno, trabajadores sociales en ADIF

¿Y qué hace un chico como tú en un sitio como este? Es la pregunta con la que se encuentran, más a menudo de lo que les gustaría, Ricardo Chacón, José Luis Martínez López y Jesús Moreno Mérida, obligados a explicar qué hace un trabajador social en una empresa. En su caso, trabajan en Adif (antes Renfe), desde 1994.

Estos tres compañeros, que no compartieron clase en Comillas aunque sí coincidieron por los pasillos, se ocupan del plan de acción contras las drogodependencias y el alcoholismo, en el que atienden a personas con problemas de consumo basándose en dos pilares: la seguridad de la circulación de los trenes y la salud de los trabajadores.

Trabajo social en la empresa
“Se puede hacer perfectamente trabajo social en la empresa. Hay personas, hay problemas y se abordan”, resume Jesús. “Es una intervención desde la relación con las personas, la escucha y el acercamiento. Se pueden trabajar las relaciones personales, las condiciones de trabajo, los accidentes, las discapacidades, la igualdad…”, añade Ricardo.

Esta responsabilidad no es nueva, recuerda José Luis, ya existía antes que el Estado del bienestar: “Parece que el Trabajo Social de Empresa no existiera, pero antes de que se desarrollaran los servicios sociales, las empresas ya proveían de servicios a los trabajadores”.

No se trata de continuar esa labor paternalista de entonces, aclaran, sino de dar espacio a trabajadores sociales que aborden los problemas actuales y diseñen programas para resolverlos, planteados en la intersección entre las necesidades de la compañía y de los trabajadores. “En drogodependencia es fácil: es un problema personal; colectivo, de los compañeros; pero también de la empresa, de seguridad, de cualificación y capital humano. Ése es un ámbito de interés común, pero hay un montón de cosas que pueden ser abordadas también desde el Trabajo Social bien enfocado, sin ceder ni un centímetro en la calidad de la intervención ni en la deontología profesional”, afirma Jesús.

“Conseguimos ‘microcambios’ a nivel personal y de la compañía. Hemos logrado que la gente vea la drogodependencia como un problema con solución, en el que se puede intervenir de manera adecuada desde la empresa, y respetando todos los derechos del trabajador, facilitándole ayuda y apoyo", dice Ricardo.

“Creo en una relación de ayuda donde el protagonista de su recuperación es la persona. Nos relacionamos con el sufrimiento del otro y eso nos conmueve, y anima a una intervención que se enriquece cuando trabajamos en red, contando con el apoyo de compañeros, familiares y diferentes profesionales. El contexto laboral es un medio adecuado para ello", sentencia José Luis.

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