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El padre general de la Compañía de Jesús, Arturo Sosa, SJ, estuvo en España el pasado mes de mayo. En su primera visita oficial desde que fue elegido general en 2016, se encontró con jesuitas y laicos de Madrid, Valladolid y Alcalá de Henares. Pasó por Comillas para reunirse con los superiores jesuitas de la Provincia de España, y aprovechó también para tener un breve encuentro con consejo de dirección de la universidad y otros destacados miembros de la comunidad universitaria.

Texto: Lucía Tornero González. Foto: José Ángel Molina

 Visita Padre General

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a universidad no recibe todos los días a su vice gran canciller, por eso, la visita de Arturo Sosa, SJ, general de la Compañía de Jesús, se vivió con intensidad y emoción. El rector, Julio L. Martínez, SJ, dio la bienvenida a Sosa, que llegó a Comillas acompañado por el provincial de España, Antonio España, SJ, y el asistente de Europa Meridional, Joaquín Barrero Díaz, SJ.


"Es una gozada conocer a los jesuitas en su terreno, a la inmensa variedad de personas, actividades y creatividad"


Durante su encuentro con los vicerrectores, decanos y directores, los jesuitas integrantes de la Consulta Apostólica del Rector, y el director de la Pastoral de Jóvenes Adultos y de la Comunidad Universitaria Francisco Javier, Sosa les animó a continuar en su misión intelectual, entendida como un servicio apostólico.

Durante esta conversación recordó que el apostolado intelectual es una de las preferencias apostólicas de la Compañía de Jesús, universal desde el tiempo de san Ignacio, y explicó por qué las últimas congregaciones generales la han vuelto a poner en primer plano. El rector le agradeció su visita, sus palabras y, sobre todo, su servicio continuo a Comillas.

En una entrevista concedida a la Oficina de Comunicación SJ, Sosa reconoce que, aunque lleva año y medio en el cargo, "la Compañía es tan grande y tan variada que uno comienza a conocer un poco". De hecho, su primera gran tarea como general está siendo redescubrirla. "Es una gozada conocer a los jesuitas en su propio terreno, con la inmensa variedad de personas, actividades, de creatividad". "En este momento, la Compañía de Jesús realmente es un cuerpo multicultural. Jesuitas de culturas tan diversas que mantenemos la cultura en la que nacimos, pero además encarnamos ese carisma ignaciano y somos capaces de trabajar juntos", afirma.

De hecho, la multiculturalidad es uno de los desafíos que hace extensivos a la tarea educativa de la Compañía. "La interculturalidad es un reto muy importante. En nuestras sociedades multiculturales, la pedagogía ignaciana tiene que repensarse a la luz de la ciudadanía universal", asegura.

A su juicio, solamente el ciudadano intercultural es capaz de ser universal, y aquí el uso de la palabra ciudadano no es casual, "porque ciudadano es quien asume la responsabilidad del bien común, como prioridad de su vida, y no intereses particulares de su persona, de su nación, de su grupo o de su cultura". Por eso, "tenemos que hacer un esfuerzo notable en la formación de la ciudadanía, en la responsabilidad por el común, que incluye lo político, lo ecológico, el equilibrio con las culturas y las religiones en el mundo".

Reconciliación

Uno de los grandes temas de su generalato está siendo la reconciliación. La Congregación General 36, que le eligió, dio unas claves muy precisas para el gobierno. "Hay una profundización de lo que hemos venido haciendo en los últimos 50 años después del concilio: fe, justicia, diálogo y culturas, incluidas en el concepto de reconciliación", explica. Esta reconciliación tiene tres dimensiones: entre nosotros, como seres humanos; con el mundo donde vivimos, la 'casa común', y con Dios, que no se pueden separar.


"La reconciliación debe darse entre nosotros, con la 'casa común' y con Dios"


"Ahí tenemos un programa que hacer, pero además la Congregación nos dio claves para hacerlo a través de un discernimiento común, que se convierta en planificación apostólica, a través de la colaboración", reflexiona. "No estamos solos ni queremos estar solos", dice. Para ello se cuenta con las redes que teje la Compañía, redes apostólicas, pero también con "gente que no comparte la misma fe".
compañía colaboradora

Esa misión compartida es una de las "mayores conversiones" que pide a los jesuitas de nuestro tiempo. A su juicio, hace falta un cambio de lenguaje: no se trata de hablar de "colaboradores de la Compañía", sino de que la Compañía se convierta en colaboradora. "Lo intuyó claramente la Congregación General 34, cuando dijo que el futuro de la Compañía está en contribuir a que la Iglesia se haga laical, y para eso tenemos que hacernos colaboradores en una misión que no es de la Iglesia, es una misión humana".

Sosa también tiene un mensaje para los laicos que comparten su camino con los jesuitas: "es muy necesario que nos ayuden a abrinos, que no tengan miedo, que también se aventuren en esa profundidad del espíritu, de sentirse más libres en lo que hacemos y lo que podemos hacer". Les pide que asuman su rol, aun sabiendo que es un proceso largo, difícil y complejo, y que habrá resistencias. "El camino cristiano nunca se ha ofrecido como un camino sin problemas, pero confiando en Dios sabemos que podemos superar lo que en este momento parece imposible".

Venezuela
En una conversación con el venezolano Sosa, primer general no europeo, es difícil no preguntarle sobre la situación en su país. "La Compañía y la Iglesia están bien conscientes de la situación de Venezuela. Los jesuitas están sufriendo lo que sufren los venezolanos. Están sufriendo con el pueblo y están viviendo y transmitiendo esperanza y no resignación. Hay cantidad de iniciativas que no aparecen en la prensa, de solidaridad real y humana, en todos los niveles", explica.

Pone como ejemplo “Puentes de solidaridad", un plan pastoral integrado, para ayudar sobre todo a los migrantes venezolanos, pero también de otros orígenes, en Sudamérica. En él participan la Sección de Migrantes y Refugiados del Dicasterio para el Servicio del Desarrollo Humano Integral de la Santa Sede y ocho conferencias episcopales del la región, y en el que la Compañía participa a través del Servicio Jesuita a Refugiados.

"A mi se me arruga el corazón cuando pienso en Venezuela, lógicamente, mi familia está allá, mi familia de sangre y mi familia del espíritu, que es la Compañía, pero también siento un enorme agradecimiento porque han sabido reaccionar con una entereza cristiana admirable", confiesa.

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