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Sección I: Expulsión y extinción

Durante la segunda mitad del siglo XVIII los jesuitas de varios países europeos fueron acosados en su vida y trabajo. En 1759 fueron expulsados de Portugal y sus dominios. En 1762-64 fueron arrojados de sus casas en Francia, aunque no expulsados. En 1767 fueron expulsados de España y sus posesiones en América y Filipinas por la Pragmática de Carlos III. Ese mismo año fueron expulsados de Nápoles y Sicilia, y en 1768 del ducado de Parma. Los expulsados de los dominios españoles fueron unos 5.000.Carlos III

¿Motivos? Aunque no se adujeron causas formales, en España el rey Carlos III justificó esta medida con el mantenimiento de la paz en sus territorios. Se les criticó y acusó de obedecer a una autoridad extranjera –Roma–. O de defender ciertas doctrinas morales y pastorales que afectaban al comportamiento de los ciudadanos y a la política, de instigar al pueblo contra los reyes, de oponerse al Tratado de Límites, de fundar estados independientes en América –como las Reducciones del Paraguay–, de enriquecerse con el comercio de las Indias o de ostentar demasiado poder y prepotencia gracias a sus colegios y otros medios de influencia social y política. Pero, aun así, ellos no llegaron a prever las consecuencias de estas amenazas que estaban en el ambiente antes de ser desterrados.

Más duro todavía para la Compañía de Jesús fue ser suprimida en 1773 por el papa Clemente XIV, cediendo a las presiones de las potencias católicas y de algunos obispos. Hasta ese año, en el mundo había aproximadamente 22.000 jesuitas, Entre colegios y seminarios tenían unas 840 instituciones dedicadas a la enseñanza.

Al ser suprimidos y expulsados de España, perdieron sus bienes. Cada uno pasó a recibir una mínima pensión del Estado. Los deportados de España y América sufrieron muchas penalidades, pues el papa se negó a admitirlos en sus estados, por lo que tuvieron que pasar casi un año en Córcega antes de asentarse en Italia. [Leer más]

Sección II: Peticiones para el restablecimiento

Pero la Compañía no desapareció del todo. En una parte de la Europa oriental, paradójicamente, dos gobernantes no católicos, Federico II de Prusia y la zarina Catalina II de Rusia, se negaron a prescindir de la formación que los jesuitas impartían en sus tierras,  por lo que impidieron la intimación del Breve de Supresión.sec2 pioVII

Tuvieron que pasar más de 40 años hasta que el papa Pío VII restaurase la Compañía el 7 de agosto de 1814. En la Bula de restablecimiento, el papa aludía a las peticiones procedentes de todo el mundo, en las que veía un “unánime consentimiento de casi todo el pueblo cristiano”.

En nuestro país, muchas ciudades reclamaron su vuelta, fundándose principalmente en la necesidad de la buena enseñanza para la juventud. En el primer decreto de Fernando VII se mencionaban “las muchas y no interrumpidas representaciones”. Las peticiones fueron abundantes, enviadas por obispos, ayuntamientos…, la mayoría anteriores a mayo de 1815.

Especial relieve adquieren las defensas de la Compañía que se publicaron durante las Cortes de Cádiz, aprovechando la libertad de imprenta. Entre ellas destaca el Memorial de los exjesuitas españoles del P. Juan José Tolrá y sus compañeros, en el que se solicita a las Cortes de Cádiz un juicio justo para demostrar la “nulidad e injusticia” de la Pragmática de expulsión.

Entre los documentos más definitorios que colaboraron a la feliz  restauración de la Compañía de Jesús está el Dictamen fiscal de don Francisco Gutiérrez de la Huerta, presentado y leído en el Consejo de Castilla a finales de 1815, y que es un sólido alegato y compendio de las causas que se habían estado esgrimiendo para dicha Restauración.[Leer más]

Sección III: Restablecimiento de la Compañia de Jesús

En el marco de restauración política y religiosa confirmada en el Congreso de Viena, Pío VII promulgó, el 7 de agosto de 1814, la Bula “Sollicitudo omnium  ecclesiarum”, por la que se restablecía la Compañía en todo el orbe católico.sec3 fernandoVII

Era una extensión a nivel universal de las aprobaciones concedidas anteriormente para el Imperio Ruso (en 1801) y el Reino de las Dos Sicilias (en 1804).

En España, vino de la mano de Fernando VII, quien criticó entonces las “calumnias, ridiculeces y chismes para desacreditar a la Compañía de Jesús, disolverla y perseguir a sus inocentes individuos”.

Se desarrolló en dos fases: la primera con el permiso limitado a las ciudades que lo solicitaron, el 29 de mayo de 1815, y la segunda cuando decretó la restauración sin límites, el 3 de mayo de 1816.

Así, desde finales de 1815, volvieron a España muchos jesuitas desterrados que, unidos a algunos que estaban dispersos por el país, formaron los cimientos de la Provincia jesuítica de España. A los 127 antiguos se unieron muchas vocaciones.

Los jesuitas se dedicaron ante todo a la enseñanza; pero también a confesar, predicar, dar alguna misión, ofrecer tandas de Ejercicios, refundar congregaciones y grupos, enseñar el catecismo, atender a los presos, consolar a los enfermos o a los afectados por epidemias como la fiebre amarilla.

A lo largo de los siglos XIX y XX, los jesuitas se ocuparon de las élites, pero también de la gran clase obrera, inaugurando el “catolicismo social”. Sin embargo, tanto en España como en otros países, padecieron, como la Iglesia, las tensiones políticas del momento. En España la Compañía será suprimida en 1820, 1835, 1868 y 1932. [Leer más]

Sección IV: Comunidades restablecidas

El retorno de los jesuitas fue saludado por sus amigos con grandes muestras de aprecio, en escritos o sermones laudatorios, que parecían querer borrar las antiguas calumnias.sec4 colegio imperial

En México les devolvieron tres colegios en la ciudad (San Ildefonso, San Pedro y San Pablo y San Gregorio) y en Puebla de los Ángeles y Durango. Durante la primera restauración de la Compañía en España (1815-1820), los jesuitas se establecieron en dieciséis comunidades en España y cinco en México. Se instalaron, con permiso de la Junta de Restablecimiento, en algunos de los antiguos edificios. En España formaron comunidades en casi todas las regiones. Tres casas en Andalucía (Sevilla, Cádiz y Trigueros). Dos casas en Madrid (Colegio Imperial y Noviciado), en Cataluña (Manresa y Tortosa), en Valencia (Colegio y Seminario de nobles) y en País Vasco (Loyola y Oñate). Y una casa en Castilla y León (Villagarcía), Aragón (Graus), Baleares (colegio Montesión de Palma), Murcia y Extremadura (Badajoz).

La dedicación preferente era la enseñanza en los colegios bajo el sistema de la Ratio Studiorum. El Colegio Imperial de Madrid era el más completo, pues concentraba todos los estudios: cinco años de Humanidades, tres de Filosofía y Ciencias, estudios de Teología y otras disciplinas.

Una muestra de sus ideales pedagógicos son los discursos inaugurales de los padres Roca y Montemayor de los años 1816 y 1827. El aprovechamiento de los alumnos aparece en la variedad de los ejercicios escolares de los exámenes (1828), y  las piezas poéticas recitadas por dos alumnos en la distribución de premios (1832). Estas piezas corresponden a la segunda restauración de la Compañía en España (1823-1835), que recibió un rudo golpe en el tumulto del 17 de julio de 1834.

Uno de los instrumentos formativos de los colegios era la Congregación Mariana, de la que se ofrece una impresión de sus reglas.

Sección V: Conmemoración del primer centenario del Restablecimiento (1814-1914)

La celebración del primer centenario del restablecimiento de la Compañía fue preparada con siete años de antelación por el P. General Francisco Javier Wernz (1842-1914). En una carta a toda la Compañía, fechada el 8 de septiembre de 1907, exhortaba a dar gracias a Dios por el beneficio de la restauración, a renovar el espíritu de San Ignacio y a dar vitalidad a los ministerios.sec5 wernz

Para ayudar a la celebración del primer centenario proponía la publicación de un libro que resumiera las actividades de la Compañía durante todo el siglo, y la elaboración en cada provincia de un compendio histórico de sus actividades. La propuesta del P. General se realizó en el Liber saecularis Societatis Iesu, del P. Peter Albers, que resume las actividades de la Compañía durante todo el siglo; y la Sinopsis Historiae Societatis Iesu (Ratisbona 1914, reeditada en 1950).

En las provincias de lengua española se publicaron con ese motivo las historias del P. Lesmes Frías (Provincia de España, Provincia de Castilla, y años más tarde la Historia de la Asistencia Moderna de España), del P. Enrique del Portillo (Provincia de Toledo), Gerard Decorme (Provincia de México), Pablo Hernández (Misión de Chile-Paraguay).

Entre los escritores extranjeros destaca el P. Joseph Burnichon. La Historia de la Compañía se había centrado hasta entonces en la Compañía Antigua (hasta la expulsión de 1773), gracias al impulso del P. Luis Martín (1846-1906) y la publicación de Monumenta Historica S. I.

Las publicaciones del primer centenario de la restauración iniciaron los estudios históricos sobre la Compañía restaurada. Por eso el argumento de estas publicaciones no se centra tanto en el momento de la restauración de 1814, sino en el desarrollo de la Compañía restaurada a lo largo de todo el siglo.

En la Universidad de Comillas, la revista Unión Fraternal, nº 31 (agosto de 1914) da la noticia de que el Nuncio Ragonesi viene a conferir órdenes el 25 de junio. Recibido bajo palio, imparte 28 ordenaciones. Por la tarde hubo academia sobre El centenario del restablecimiento de la Compañía. Lujoso programa, en el que poetas y oradores estuvieron a gran altura. Se ejecutaron varias piezas de música. Entre ellas y para coronar la academia,  el  coro a seis voces sobre la melodía de la Marcha de San Ignacio de Loyola compuesta para la Conmemoración por el P.  Nemesio Otaño.

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