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¿Un ingeniero nace o se hace? ¿Y un abogado? Cuando un estudiante se enfrenta a la decisión de orientar su futuro profesional son muchos los factores que tiene en cuenta: vocación, habilidades… y tradición. En los más de cien años de historia de la Universidad Pontificia Comillas ICAI-ICADE, muchas familias han pasado por nuestras aulas, algunas repitiendo durante varias generaciones. Hablamos con algunas de ellas, para que nos cuenten por qué siguen confiando en esta universidad para formarse.

Texto: Lucía Tornero. Fotos: José Ángel Molina

N

i he sentido la presión, ni la hemos transmitido. Otra cosa es que se transmita la costumbre, pero la presión no”. Quien habla así es Ramón Gómez-Olea y Bustinza, miembro de una familia de cuatro generaciones de ingenieros del ICAI, nieto, hijo y padre de ingenieros. Nos reunimos con él en la Escuela Técnica Superior de Ingeniería (ICAI), junto a su hermano Javier, también ingeniero industrial, su sobrino Álvaro Gómez de Olea Abad y una de sus hijas, Patricia Gómez de Olea Ballester, para que nos hablen de su experiencia.

“Lo de la ingeniería lo oyes en casa, y me llamaba la atención. Además, era bueno en matemáticas y física, así que cuando llegó la hora hice algo de due diligence (búsqueda de información La verdad es que le tenía cariño, la tradición no pesa ni obliga, pero te da comodidad”, explica Ramón.

Como padre, también ha intentado que sus hijas hicieran ese análisis. “Me parecía interesante que consideraran Comillas, como una universidad de los jesuitas y por su forma de pensar. Si me hubieran dicho que querían estudiar Derecho, les habría dicho que lo hicieran en ICADE”.


La familia Gómez de Olea lleva más de cien años estudiando en ICAI


“Yo tuve muchas dudas a la hora de elegir carrera, porque siempre me había gustado todo. Al final me decidí por una ingeniería porque me parecía algo generalista y que me abriría muchas puertas”, responde Patricia, que es alumna del Grado en Ingeniería en Tecnologías Industriales. “Tenía muy claro que la decisión era sólo mía y no me dejé guiar por tener tantos ingenieros en la familia”.

“Su primo Álvaro, que estudia el Máster en Ingeniería Industrial, cuenta que eligió ICAI por varios motivos, que resume en tradición y modernidad, internacionalización y cercanía del profesorado. Valora muy positivamente el aspecto internacional, “que aquí se potencia muchísimo. Por ejemplo, el 90% de los alumnos de mi curso han hecho un intercambio, y yo me he podido ir dos años gracias a que he estudiado aquí”.

“Mi caso no es muy distinto al de mi hermano y nuestros hijos. Quizá por ser el mayor tenía algo más de responsabilidad, aunque no presión”, cuenta Javier. “El ambiente de casa pudo condicionar un poco, y el del colegio también, porque estudiamos en los jesuitas de Chamartín. Quizá sí hubo presión ambiental, pero no me sentí forzado a venir a ICAI, fue una cosa muy natural”, explica.

El recuerdo del abuelo
La figura de Ramón Gómez de Olea y de la Peña, padre de Ramón y Javier, y abuelo de Álvaro y Patricia, tiene mucho peso en esta familia. Todos lamentan que por tan solo unos meses (falleció en 2016), no haya podido participar en el reportaje.

“El abuelo era un enamorado de ICAI, más que nosotros. No me influyó a la hora de elegir, pero sí para valorarlo a posteriori”, dice Álvaro. “Aunque ya no esté con nosotros, cuando me dan ganas de rendirme en los momentos más duros, porque ICAI no es un campo de rosas, me acuerdo de él y sigo adelante”, añade Patricia.

Javier recuerda el acto de graduación de Álvaro, al que pudo asistir el abuelo. “¡Le hizo una ilusión bárbara! Le contó al rector lo que contaba siempre, que llevamos más de cien años en la escuela, y el rector le agradeció mucho esa confianza”.

Pese a su alto grado de identificación y de satisfacción con ICAI, o precisamente por ello, a Ramón le preocupa una cosa: la posible percepción de que la carrera profesional de éxito está fuera de la ingeniería. “Yo creo que el éxito que tuvo esta escuela es porque formó parte del esfuerzo de tecnificación y de industrialización del país. Nuestro futuro no pasa porque generemos muy buenos banqueros sino muy buenos industriales”.

Padres e hijos en ICADE Cruzando la acera, en Alberto Aguilera, 23, uno también puede encontrar sagas familiares. En este caso, la formada por Ana López-Monis, licenciada en Derecho y Administración y Dirección de Empresas (E-3), con Miguel Ruíz-Gallardón, licenciado en Derecho (E-0), y sus hijos Rafael y Gabriela, alumnos de Derecho (E-1)y E-3, respectivamente. Tanto Ana como Miguel, que se conocieron en el colegio, tienen dos hermanos más que también estudiaron en la Facultad de Derecho (ICADE), y cuando llegó el turno de sus hijos, no lo dudaron.

Rafael Ruiz-Gallardón, Ana López-Monis y Miguel y Gabriela Ruiz-Gallardón

“Nosotros siempre les aconsejamos. De hecho, tenemos otra más pequeña que está en 1º de Bachillerato. Cuando me dice que le gustan las ciencias, que quiere hacer Química, y yo le digo que no se preocupe…”. “¡Porque hará Química e ICADE! –tercia el padre-. Es lo que le dijimos a Rafa, ¿quieres estudiar Física? ¡Fenomenal! Física e ICADE”.

“Yo me planteé estudiar la carrera de Física, y la empecé, pero me matriculé también en Derecho, para seguir las dos a la vez, por recomendación familiar. Al final, me gustó más Derecho y aquí me quedé”, explica Rafael. “Yo no me planteé ninguna otra opción, vine directamente”, dice Gabriela.

En esta familia, padres e hijos han compartido un buen número de profesores. Nombres como los de Conchita Molina, Cristina Gortázar, Cristina Guzmán o el padre Manuel Gallego, SJ, se repiten en las dos generaciones.


"Estudiar en ICADE une mucho, porque sabes del esfuerzo, la excelencia y el trabajo"



Pero, ¿qué pasa con las típicas quejas de sobremesa sobre los estudios? "Yo creo que es bueno que nuestros padres conozcan la universidad; entienden lo que les contamos, pero nos siguen exigiendo", dice Rafa. "No nos pueden decir eso de '¡no me comprendéis!', porque sí los entendemos", confirma su madre.

Miguel solo le ve un pequeño inconveniente a Comillas: "es como seguir un poco en el colegio, aunque la ventaja es que con 18 años no todo el mundo está preparado para despiporrarse, o puede hacerlo pero a veces se pierde otras cosas". "A mí me hubiera venido muy mal no haber venido a ICADE. Me hubiera despiporrado", bromea Rafa.

Dos psicólogos y un fisio
Nos vamos hasta el campus de Cantoblanco para reunirnos con otra familia, la formada por Julio Olea y María Victoria Urzáiz, licenciados en Psicología, y su hijo Ignacio Olea, graduado en Fisioterapia.

Para Mavi, que habla como madre pero también como orientadora de un colegio, “las formaciones de tipo más social o humanista están muy arraigadas en las familias de Comillas. Quienes tienen padres o madres que se han formado en Comillas cuentan con una posibilidad muy alta de estudiar aquí. Y creo que es porque nosotros queremos transmitir ese enorme potencial y que las cosas les vayan bien a nuestros hijos”.


“La formación social o humanista está muy arraigada en las familias de Comillas"


“Con su experiencia, me animaban porque estaban seguros de que la formación iba a ser excelente. Nunca me he sentido presionado ni a la hora de elegir la carrera ni la universidad. La idea era que yo fuese libre, y que eligiese lo que más me gustase, y que con eso seguro que iría bien la cosa”, cuenta Nacho.

La libertad es clave para esta familia. De hecho, el hijo mayor, que estudió Derecho, logró la admisión en Comillas ICADE, pero al final se decidió por la Universidad Autónoma, donde el padre es catedrático de Psicología.

María Victoria Urzáiz y Nacho y Julio Olea.

“Presión no, casi al contrario”, confirma Nacho. “Siempre me han dicho que hiciese lo que me gustase, que buscase aquello que me motivase. Y es verdad que, entre todas las opciones, ellos estaban muy contentos con Comillas y estaban seguros de que la formación de Fisioterapia iba a ser buena también”.

Aunque no hayan estudiado la misma carrera, los tres coinciden en haber elegido profesiones muy centradas en la persona. “En esa línea, esta universidad te da muchísimas herramientas, profesionales para nuestra carrera, pero también para la vida”, apunta la madre.

"Yo estoy convencido”, apoya su marido. “Me da la impresión de que esa parte más humana y humanista va calando sin acciones especiales, solamente por la convivencia. Recuerdo mil cosas: por ejemplo, mis profesores que se iban después de las clases a los barrios más humildes a trabajar con personas drogadictas. Y te llamaba la atención cómo esa gente intelectualmente tan brillante, y tan admirada por nosotros, se iban a trabajar al pie de cañón. Ese compromiso humano nos ha calado”.

Comillas para toda la vida
"Esta universidad no es solo pasado, es presente. Muchos de nuestros amigos los tenemos desde la época de Comillas. Parte de nuestra vida son la amistades que hicimos durante la carrera", comenta Julio, que ha traído fotos de su época de estudiante y residente en el colegio mayor de Cantoblanco.


"Nos ha dado una formación profesional sólida, pero también una forma de estar en la vida que queremos transmitir"



"Las amistades son muy importantes –confirma Nacho–. Y la formación que he recibido. La fisioterapia ahora mismo es clave en mi vida, es uno de los pilares, y la aprendí aquí".


“Si algo valoro de esta casa es que nos ha dado un bagaje y una formación profesional muy sólidas, pero también una semillita, que es una forma de estar en la vida y con los demás, que seguimos llevando y queremos transmitir a las siguientes generaciones”, resume Mavi.



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