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El primero, fruto de la investigación histórica, y el segundo, inspirado en un campo de refugiados

CantoblancoComillas ICAI-ICADE ha inaugurado sus dos nacimientos con motivo del comienzo del Adviento. Por un lado, el belén de Cantoblanco, más tradicional, ha contado con la colaboración de la profesora Rosa Salas para realizar todo el ‘atrezzo’ de modo que el uso de materiales “ha sido muy bueno, con mucho detalle”, según explica Alberto Núñez, SJ, director del Servicio de Pastoral de la universidad

“Se trata de un proyecto para realizar un ‘belén de investigación’, es decir, con una metodología de estudio, de manera que cada año pueda explorarse un aspecto concreto del contexto histórico, cultural y religioso de la época de Jesús. La idea es hacer un belén modular al que cada año se sumará un módulo más. Este año tiene 8 m² y han participado más de veinte personas desde el mes de junio. Es una sección del pueblo de Belén, a modo de pequeño poblado, sin el castillo de Herodes ni la anunciación a los pastores”, describe Núñez.

Para el belén de Cantoblanco se ha buscado la mayor verosimilitud histórica. El director de Pastoral señala que, por ejemplo, el habitual manto azul con el que se representa a la Virgen María sería imposible en aquella época, ya que no existía el pigmento azul. “Esto se debe a que nuestro imaginario de belén se remonta a Francisco de Asís y no a la época de Jesús”, aclara.

 

 

 

ICAI

Un belén con conciencia 

Si bien en Cantoblanco ha primado el contexto histórico, en ICAI la propuesta se ha arriesgado con un desafío actual: hacer que el belén estuviera en un campo de refugiados. Así, en coordinación con Entreculturas, se escogió el campo Dollo Ado de somalíes en Etiopía.

Se trata de una reproducción de una sección del campo de refugiados en la que en una de sus barracas nace Jesús. Todos los personajes son africanos y sus vestimentas son acordes. Para denunciar la falta de interés por parte de los países y de las Naciones Unidas en desarrollarlos tecnológicamente a fin de que no se conviertan en ciudades de establecimiento permanente, las únicas barracas con puntos de luz son las de Naciones Unidas, las de organizaciones internacionales, la del centro de salud y la torre de comunicaciones.

“La idea es proyectar esa realidad con la perspectiva de que profesores y alumnos puedan realizar proyectos de investigación, de fin de grado o máster que mejoren la calidad de vida de estos campos y que aporten soluciones tecnológicas que les den una mayor calidad de vida”, asegura Núñez.

Este belén tiene 9 m2 y en él han participado más de veinte personas entre profesores, alumnos y personal administrativo y de servicios. Se han comprado los edificios y se han transformado en barracas, mientras que las figuras y las vestimentas se han hecho a mano.

Además, a la puerta de la biblioteca de Cantoblanco se encuentra expuesto un árbol de libros, de dos metros de altura, realizado a partir de una idea de un estudiante y artista jesuita portugués. El director del Servicio de Pastoral agradece a todos los participantes su trabajo y a Oficialía Mayor el facilitar los espacios y su ayuda en los proyectos.

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