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La frontera entre México y Guatemala es uno de los puntos de movimientos de población más importantes a nivel mundial por el número y características que revisten los mismos. Las movilidades desde el corredor Centroamericano con destino a México o a Estados Unidos marcan dinámicas históricas que revisten a este espacio de particularidades y complejidades diversas.

Esta frontera puede ser considerada como un gran espacio transfronterizo a partir de los lazos históricos, culturales, comerciales, familiares, políticos, sociales que unen la región del Soconusco en Chiapas con el Departamento de San Marcos en Guatemala.

Estas fotografías son miradas desde dos espacios de esta territorialidad compartida, dos puntos de paso cotidiano que dan cuenta de la proximidad, de la no existencia real del límite, de la inexistencia, en muchos casos, de la conciencia de “estar en otro país”. Por un lado, el río, el Suchiate que en el último tramo del límite de Chiapas con Guatemala marca los espacios de “soberanía nacional” a la vez que, en el día a día, es un puente permanente y constante a través de balsas improvisadas que trasladan a personas y mercancías. Por el otro, el entorno mágico y mítico de culturas ancestrales conformado por el Volcán Tacaná (nuestra madre en lengua Maya Mam), que divide México y Guatemala, y el Volcán Tajumulco (nuestro padre en lengua Maya Mam), que juntos dan vida al llamado “camino de la línea”. En este punto se enmarca ese camino que une las dos principales localidades de la zona, Unión Juárez en México y Sibinal en Guatemala. A diario, hombres, mujeres, niños, niñas y mulas lo recorren subiendo o bajando la montaña con sus productos o sus compras y se convierte en una carretera ancestral de comunicación entre regiones.

Hablar de fronteras en blanco y negro es poner el acento en un mundo que está lleno de colores, vivos, alegres, apagados, opacos. Todos llaman la atención pero, en pocas ocasiones, reparamos en quienes los portan, en las personas, los seres humanos. Ellas y ellos no son vistos como una amplia variedad y gama de colores, sino como seres invisibles o invisibilizados en un desapercibido blanco y negro. Podemos reconocer texturas, materiales, estampados, marcas, pero no sabemos de las historias, de las memorias, de las penas y alegrías de las y los que se mueven en estos espacios. La frontera es objeto de interés por temas geopolíticos, políticos, económicos, de seguridad, de soberanía, de control, de militarización, son números, flujos, porcentajes y, pocas veces, vidas.

Estas pocas imágenes “robadas” en la espontaneidad de lo cotidiano quieren reparar en ellos y ellas, convertirlas, por el contraste con el color, en el objeto y sujeto de las miradas, en protagonistas visibles de un mundo complejo.

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Dr. Enrique Coraza de los Santos



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