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La religiosa de Jesús-María cursó estudios en el Instituto de Espiritualidad de la Facultad de Teología

Isabel SolaToda la comunidad universitaria de Comillas y, en especial, la Facultad de Teología, de la que fue alumna, se suman al dolor y la solidaridad por la muerte de Isabel Solá, religiosa de Jesús-Maria, asesinada en Haití el pasado 2 de septiembre. Sor Isabel, que cursó el Diploma del Instituto Universitario de Espiritualidad entre 1985 y 1987, trabajaba en Haití entre los más pobres.

La conocía bien el jesuita Marcos Recolons, director de la red educativa Fe y Alegría en Haití, que fue rápidamente informado por sus compañeras de que la misionera había sido víctima de un asalto, y que ha querido compartir esta emocionada carta "en la muerte de Isa".

La religiosa, que vivía en Haití desde 2008 y trabajaba por la reconstrucción del país después del dramático terremoto de 2010, murió por los disparos de unos asaltantes en la capital, Puerto Príncipe. En estos momentos, cuenta Marcos Recolons, tenía un proyecto que le entusiasmaba: la construcción de una escuela en una zona donde miles de familias se encuentran instaladas en condiciones precarias, un barrio en el que Isabel trabajaba a menudo como enfermera y en el que quería instalar, además, un centro de asistencia sanitaria. El jesuita destaca su "identificación y solidaridad con el pueblo haitiano y especialmente con los más pobres y las víctimas del terremoto".

Solá llegó a Haití tras 18 años en Guinea Ecuatorial, donde se centró en labores educativas y de apoyo a las mujeres, poco después de haber terminado sus estudios de Teología en Comillas. Cuando llegó a Haití empezó también a montar escuelas, pero al cabo de dos años se produjo el terremoto que vivió en primera persona. Después del suceso, que asoló el país y dejó 316.000 muertos y 350.000 heridos, la religiosa compartió su testimonio en una carta enviada a sus compañeros de las Obras Misionales Pontificias (OMP). “Lo único que podría decir es que Haití es ahora el único lugar donde puedo estar y curar mi corazón. Haití es mi casa, mi familia, mi trabajo, mi sufrimiento y mi alegría, y mi lugar de encuentro con Dios”, decía.



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