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Tecnologia-frackingResulta recomendable que la Administración Pública establezca, en el plazo más breve posible, un marco reglamentario para que se aplique con seguridad la tecnología del fracking, puesto que no existen argumentos, en la actualidad, para sostener un debate que la retrase. Esta es la conclusión de la conferencia "Fracking: ¿una tecnología a debate?", organizada por la Cátedra Rafael Mariño de Nuevas Tecnologías Energéticas, de la Escuela Técnica Superior de Ingeniería (ICAI), en la que intervinieron Isaac Álvarez, profesor de la Universidad de Oviedo, y destacado profesional en la exploración y explotación de hidrocarburos, y Carlos de Miguel, jurista y profesor de la Facultad de Derecho (ICADE), experto en los aspectos legales de esta industria incipiente.

La fractura hidráulica o fracking, junto a la perforación horizontal, es la técnica esencial para la extracción de yacimientos no convencionales de gas natural, y consiste, esencialmente, en la perforación de un pozo vertical, que después adquiere una trayectoria horizontal de gran longitud a través de una roca que contiene gas. A continuación se inyecta, en un espacio corto de tiempo, un gran volumen de agua con aditivos, que produce grietas verticales en la roca y permite obtener mayor cantidad del gas atrapado entre ellas.

Aunque las bases tecnológicas se establecieron hace decenios, solo los desarrollos técnicos recientes han permitido la aplicación masiva del fracking. Actualmente hay unos 200.000 pozos de gas no convencional en el mundo, y se horadan unos 20.000 cada año. La mayor parte de la expansión de esta tecnología se ha producido en los Estados Unidos, donde el 95 por ciento del suministro de gas era local en 2011, del que el 66 por ciento procedía de distintos tipos de explotaciones no convencionales. Este aprovechamiento ha permitido reducir el coste de la energía en el país, con una repercusión positiva en la producción industrial y una menor dependencia del exterior, lo que tiene profundas implicaciones geoestratégicas. Por otra parte, la producción de electricidad con gas natural implica, proporcionalmente, una menor cantidad de emisiones de gases de efecto invernadero que el carbón, la fuente energética predominante en aquel país.

En Europa existe cierta alarma social sobre los riesgos del fracking, y algunos países e, incluso, comunidades autónomas españolas, han prohibido o pospuesto su uso. Entre los motivos de preocupación destacan: el volumen de agua inyectada y los posibles problemas de abastecimiento local, la contaminación de acuíferos, la toxicidad del agua que vuelve a la superficie una vez hecha la perforación, tanto por los aditivos como por los componentes del terreno; los seísmos inducidos por el proceso, y la liberación incontrolada de metano (el componente principal del gas natural y potente causante de efecto invernadero) a la atmósfera.

Sin embargo, como pusieron de relieve los ponentes, contamos en la actualidad con medios técnicos para controlar o eliminar los riesgos reseñados que, en muchos casos, son análogos a los de la obtención tradicional de hidrocarburos. Dentro de la aplicación de las mejores prácticas conocidas, una extracción de gas segura con esta tecnología pasa por: un estudio integral del área completa, y no solo de las formaciones rocosas de las que se va a extraer el gas; la gestión integral del ciclo del agua y el establecimiento de unas líneas-base del área de la prospección que sirvan como referencia del estado inicial, para detectar cualquier anomalía que ser produzca al aplicar la técnica. En los Estados Unidos, según los profesores participantes, ha sido fundamental para la expansión de esta tecnología la colaboración entre un abanico muy amplio de agentes, y las iniciativas orientadas a implicar a la opinión pública, a la que se ha ofrecido información abundante y transparente.

No está demostrado que España disponga de reservas importantes de gas natural no convencional, que puedan suponer un cambio profundo en su economía, como en el caso de los Estados Unidos. Sin embargo, para los ponentes, los beneficios sociales y medioambientales que se podrían obtener con la extracción de cantidades relevantes de gas natural no convencional son muy importantes, en comparación con los riesgos, que serían muy reducidos si se aplican las mejores prácticas antes citadas.



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