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La doctora norteamericana Patricia Crittenden dio un curso de tres días invitada por el Instituto de la Familia en el marco del Proyecto Primera Alianza

JORNADA INFANCIA WEB crittendenEl apego de los más pequeños a su círculo más cercano –el familiar– durante los primeros años de vida es básico para su correcto desarrollo futuro en sociedad. Para analizar este y otros asuntos relacionados, la universidad acogió a Patricia Crittenden, una de las representantes fundamentales de la Teoría del Apego y una reconocida psicopatóloga del desarrollo. Durante tres días, la experta estadounidense –invitada por el Proyecto Primera Alianza del Instituto Universitario de la Familia de Comillas ICAI-ICADE– impartió un curso de 20 horas llamado “Apego y psicopatología en los primeros años de vida”, que reunió a decenas de profesionales del mundo de la protección del menor, terapeutas familiares e infanto-juveniles, académicos y alumnos de posgrado, provenientes de distintos puntos de España y Reino Unido.

Crittenden expuso su visión del desarrollo de las relaciones afectivas entre el niño y sus cuidadores desde el principio de la vida, y de las estrategias más adecuadas para apoyar a las familias que son propensas a desarrollar relaciones de apego inseguras, marcadas por la negligencia o el maltrato infantil, entre otros. La experta norteamericana reveló datos de sus investigaciones que resultaron novedosos e impactantes e hizo que los presentes se enfrentaran a controversias estimulantes y, en algunos casos, dolorosas.

La psicopatóloga afirmó que, antes de actuar, los profesionales deben comprender las causas que llevan a las familias a hacer daño a sus hijos y comprender el funcionamiento de cada familia, y ser conscientes de que los problemas psicológicos proceden en muchas ocasiones de relaciones inseguras o dañinas. “Muchas de las conductas que contemplamos como parte de un trastorno psicológico infantil, funcionan en realidad como estrategias para aumentar la probabilidad de que los padres, a los que el niño tanto necesita, estén disponibles, se hagan presentes o reduzcan sus ataques”, aseveró Crittenden.

La experta estadounidense, que afirmó que las forma en que los padres cuidan a sus hijos están influidas por sus experiencias cuando ellos eran menores, insistió en que la terapia del niño debe ser siempre una terapia familiar y que no se trata de cambiar al niño, “que organiza su comportamiento de cara a asegurarse la disponibilidad de los padres, incluso en los casos en que estos son impredecibles, indiferentes, violentos, distantes o débiles”, afirmó.

Durante las jornadas se subrayó también la importancia de los profesores, que pueden funcionar como figuras de apego complementarias y reparadoras en la historia evolutiva del niño. Pero lejos de dejarlo todo a los maestros, la pregunta clave es: ¿Cómo promovemos el cambio en los padres que desatienden o hacen daño a sus hijos? “Enseñar a estos padres cómo deben actuar no sólo no ayuda, sino que puede aumentar la sensación de estigma o su sentimiento de ser inadecuados o destructivos. El centro de la intervención debe cambiar de lo instruccional hacia un planteamiento centrado en ofrecer a los padres las experiencias de seguridad que apenas han tenido durante su historia relacional”, aseguró Crittenden. En ese sentido, defendió que los profesionales pueden funcionar como “figuras transicionales de apego” para los padres más dañados, y así facilitar su paso de la vulnerabilidad a la capacidad de cuidar.

 

 



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