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RelacionesInternacionales cclimatico"La supervivencia de la humanidad en el planeta, a medio y largo plazo, está condicionada por la manera en que todos los países y sus Gobiernos respectivos resuelvan el problema al que científicos de renombre internacional califican como 'más urgente' para el ser humano: el cambio climático", según manifestó la investigadora Leticia Ortega, durante la última sesión del Seminario Permanente de Relaciones Internacionales, de la Facultad de Ciencias Humanas y Sociales, donde expuso la ponencia titulada "El futuro de la humanidad: el cambio climático".

Como se recalcó a lo largo de la ponencia, los diversos efectos del cambio climático son tanto de índole ambiental como también social y económica, en muchos casos irreversibles y algunos de ellos no tan evidentes, como la amenaza que supone para la seguridad alimentaria. En lo que concierne a la producción de alimentos, por cada grado que aumenta la temperatura media de la Tierra, el rendimiento de los cultivos se reduce un 5 por ciento, y el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC) advierte que, para finales de este siglo, es posible que la temperatura haya aumentado 1,5 grados centígrados desde 1900.

La ponente destacó que se necesita una concienciación mundial y la consiguiente adopción de medidas de planificación y normativas que ayuden a la mitigación de gases de efecto invernadero, así como a la adaptación a los impactos climáticos que persistirán durante siglos, incluso si se consigue detener las emisiones. A este respecto, la Cumbre de la Tierra, celebrada en Río de Janeiro en 1992 supuso un cambio, ya que, por primera vez, se definió el cambio climático como antropogénico; es decir, se atribuyó directa o indirectamente a la actividad humana. Ese mismo año se aprobó la Convención Marco de las Naciones Unidas para el Cambio Climático (CMNUCC), que, a pesar de ser muy general, supuso otro paso importante al reconocer que existe el problema. La primera ampliación de dicha convención fue el Protocolo de Kyoto, de 1997, por el cual, las partes firmantes se comprometieron con unos objetivos de reducción de los gases de efecto invernadero según su nivel de emisiones y de desarrollo económico. Dada la exigencia de los objetivos, el protocolo ha incluido una serie de mecanismos flexibles; el más conocido: el comercio de derechos de emisiones, además del mecanismo de desarrollo limpio y de aplicación conjunta.

Ortega se mostró muy pesimista ante a los próximos años, dado que hasta el momento muy pocos países han cumplido sus objetivos y, todavía más, los mayores emisores de CO2, China y Estados Unidos, ni siquiera se han comprometido a hacerlo. Tras el coloquio, se abrió un debate entre los profesores e investigadores presentes, durante el cual se reflexionó, entre otras cosas, sobre las implicaciones de los acuerdos de reducción de emisiones para los países en vías de desarrollo, en particular, en el continente africano.



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