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Comillas semanaignaciana madrigalEl profesor de la Facultad de Teología, Santiago Madrigal, SJ, abordó la relación de Pedro Fabro con la Reforma de la Iglesia, en la segunda sesión del ciclo "Jesuitas. Fundación y Restauración", promovido por la Facultad de Teología, el Instituto de Espiritualidad y la Unidad de Actividades Culturales, Seminarios y Jornadas, con motivo del segundo centenario de la Restauración de la Compañía de Jesús, que se celebra este año. Fabro y los primeros jesuitas merecen el título de "reformadores de la Iglesia", afirmó el conferenciante.

El también profesor Carlos Martínez Oliveras, CMF, encargado de presentar al ponente, apuntó la posible continuidad entre la antigua y la nueva Compañía y ensalzó la figura de Fabro, "aquel hombre, hoy santo, que no llegó a Trento porque falleció en el camino". Efectivamente, Fabro, que fue uno de los primeros compañeros de San Ignacio y el primer sacerdote de la Compañía de Jesús, fue designado por su fundador para acudir a Trento, junto a Diego Laínez y Alfonso Salmerón, pero nunca llegó al concilio.

Madrigal comenzó su retrato con una contextualización de "aquellos momentos convulsos en los que la Reforma hablaba de la conversión personal y de la reforma eclesial". Entre 1540 y 1546, año de su fallecimiento, Fabro pasó la mayor parte de su tiempo en Alemania, en dos misiones pastorales encargadas por el Papa. "Es el primer jesuita en Alemania, el primero en tomar contacto con lo que él llama en sus notas 'la secta luterana'", y, tras su estancia en Colonia, se formó allí la primera comunidad jesuita en Alemania.Para el profesor Madrigal, estamos ante "un auténtico contemplativo en acción", que aplica la técnica ignaciana del discernimiento de espíritu en su tarea apostólica.

El ponente ofreció una lectura, desde el presente ecuménico, de la forma en que Fabro y sus compañeros percibieron y contaron la Reforma. Hoy, cuando el binomio reforma católica y contrarreforma ha sido revisado y se reconoce que la primera implica un movimiento anterior a Lutero que hay que rastrear en el siglo XV, Madrigal reivindicó para Fabro y los primeros jesuitas el título de "reformadores de la Iglesia", ya que su obra reformista puede situarse en ese momento previo. "Fabro es un hombre de la Reforma católica", aseguró, y su espíritu se aleja de la Contrarreforma. De hecho, si se traduce al lenguaje de hoy el mensaje que se rastrea en su obra Memorial, podemos definirlo como "testigo del ecumenismo espiritual".



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