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Comillas estudioFIUCLa familia, las relaciones intergeneracionales, los proyectos personales y el acceso al trabajo profesional es lo que más importa a los estudiantes de las universidades católicas de todo el mundo. Los alumnos de estos centros se muestran poco abiertos a las responsabilidades del ideal humanístico de generosidad social de las instituciones educativas que han elegido, y orientan sus estudios a obtener titulaciones y competencia profesional, pero no a movilizarse en busca de verdades y de compromisos sociales. Estas son las conclusiones del informe "Las culturas de los jóvenes en las universidades católicas. Un estudio mundial", realizado por el Centro de Coordinación de la Investigación de la Federación Internacional de Universidades Católicas (FIUC), presentado en Comillas, que acoge el 85 Consejo de Administración de la FIUC.

Presentaron el informe Julio L. Martínez, SJ, Rector de Comillas ICAI-ICADE; Pedro Rubens Ferreira Oliveira, SJ, Presidente de la FIUC; monseñor Guy-Réal Thivierge, Secretario General de la FIUC, y Rosa Aparicio, Coordinadora científica del estudio.

El Rector expresó su satisfacción por haber participado en la elaboración del informe y acoger su presentación mundial. "Difícilmente se podrá servir a la formación de los jóvenes si no se les conoce adecuadamente. Las buenas decisiones para la formación necesitan de buenos datos", dijo. Para Martínez, las universidades católicas han de ser ante todo universidades, consagradas a la triple misión de enseñanza, investigación y servicio a la sociedad. "Deseo que los estudiantes nos elijan por la calidad de nuestra universidad, a nadie recomendaría elegir una universidad no buena por ser católica, pero a todos recomendaría elegir una universidad católica que sea buena universidad", afirmó.
El objetivo del informe ha sido poner a disposición de los gestores de las universidades una imagen de las representaciones y valores compartidos con los que sus estudiantes dan sentido a lo que hacen en su vida universitaria, como dijo el Presidente de la FIUC durante la presentación. Los resultados servirán para encontrar una nueva manera de encontrarnos con los jóvenes. "No tenemos que hacer juicio de valor, sino sacar los valores", añadió. Para Oliveira, el libro no es un punto de llegada, sino de partida, para hablar de la juventud a partir de lo que ellos dicen y valoran.

"Nosotros hemos hecho la mitad del camino, ahora las universidades tienen que hacer la segunda mitad", según el Secretario General de la FIUC, que invita a los centros a reflexionar sobre sus formas de acercamiento a los estudiantes en la acogida, las prácticas, la didáctica, la pedagogía o la pastoral. A su juicio, es importante que el informe sirva para mejorar los servicios que las universidades prestan a sus alumnos. Para el Secretario General de la FIUC, algunos datos del estudio generan preocupación, "sobre todo cuando nosotros quisiéramos formar personas responsables, social, política y religiosamente, dado el caso". "Tenemos que cambiar de método, tenemos que cambiar la sociedad sobre todo, y tenemos que hacerlo formando a la gente de otra manera, pero la universidad sola nunca va a poder lograrlo; es la universidad y todo el entorno, toda la sociedad, quien tiene que involucrarse".

Rosa Aparicio explicó la metodología utilizada para la obtención y el tratamiento de la información y destacó algunos de los resultados. "No es un estudio sobre los jóvenes sino sobre las culturas de los jóvenes", aclaró, y su pretensión es la de ser representativo. "No hay encuesta sobre universitarios que haya cubierto todos estos países", señaló, e insistió también en que este es el punto de partida: "Es solo una lectura, tenemos una base de datos muy rica sobre la que se tendrán que hacer otras".

Se ha entrevistado, en 17 idiomas, a una muestra total de 16.588 estudiantes, de los que el 64 por ciento eran mujeres, en 55 universidades de 34 países de cinco continentes. Una de las posibles conclusiones del informe es que los estudiantes de las universidades católicas son muy parecidos a los de las demás instituciones universitarias. Según el estudio, el 77 por ciento de los estudiantes de centros católicos espera de los estudios universitarios conseguir un trabajo bien pagado, una vez obtenido el título, para lo que consideran que deben centrar sus esfuerzos en obtener un buen expediente académico; de hecho, el 53,6 por ciento solo espera esto de la universidad.

Una de las preguntas planteadas a los alumnos es por qué eligieron universidades católicas. El 83,4 por ciento dijo haber tomado la decisión por sí mismo, no por presión familiar o conveniencias forzosas, y, en la actualidad, el 87,7 se siente orgulloso de pertenecer a ellas, un porcentaje que desciende al 57,5 en Europa Occidental. Los factores que más pesan en la elección son: el prestigio académico (43,6 por ciento en Europa Occidental, 62,7 en América del Norte, 77,7 en África, 64,2 en India y 27,9 en el Asia Este); la fama de preparar buenos profesionales, el valor de sus títulos en el mercado, el buen ambiente de estudio y, en último término, su identidad católica (4,9 en Europa Occidental, 14,4 en América del Norte, 22,3 en África, 18,1 en India y 1,0 en Asia).

Interrogados por las tres cosas más importantes en sus vidas, llama la atención el peso que dan a sus familias (93,8 por ciento de la muestra global), seguida por el estudio (44,0), la pareja (32,9), la religión (21,0) o la política (1,3). En respuesta a otras preguntas, son mayoría los que dicen sentirse cercanos o muy cercanos a sus padres, así como los que afirman que coinciden del todo o mucho en su manera de ver las cosas. Sin embargo, comparándose con sus progenitores, se consideran menos conservadores, más individualistas e interesados por el dinero, más tolerantes y felices.

En lo que afecta a la vida universitaria, dos tercios acuden a las universidades a aprobar sus cursos, pero esquivan el resto de iniciativas que les ofrecen los centros. En Europa Occidental son todavía más los que "solo van a lo suyo". El compromiso con la responsabilidad social del saber, que las universidades de la FIUC pretenden transmitir conforme a su ideario, sería uno de los aspectos que un amplio sector de los estudiantes elude.

Comillas estudioFIUC2Los proyectos que los jóvenes dicen tener para los próximos 15 años permiten dar una idea de sus orientaciones. Priman los objetivos de encontrar un buen trabajo (62,4 por ciento), formar una familia (45,5) y ganar mucho dinero (30,3); mucho menores resultan el interés por trabajar para una sociedad más justa (8,0) e, incluso, implicarse en política (1,5). En opinión del Secretario General de la FIUC, "la universidad es un espacio de formación no solo de la cabeza, sino de toda la persona, del corazón, de la voluntad y de la responsabilidad. Nosotros tenemos que ayudar a los estudiantes a que se vuelvan responsables, solidarios, comprometidos desde una profesión y, a veces, más allá, con la sociedad y con el mundo donde viven. Aquí nos encontramos algunas sorpresas, no podemos decir que en todas partes la fibra social sea muy fuerte y eso es muy preocupante, no por los estudiantes sino por nuestro mundo". 

Estos universitarios son optimistas: el 91 por ciento cree que tiene por delante una vida prometedora y el 86,9 confía en que podrá conseguir la mayoría de sus metas en la vida. Según la escala utilizada, un 7 por ciento tiene una autoestima alta, el 55 media alta y un 28, baja. Respecto a sus vidas, creen tener un control medio de ellas, se sienten bastante felices y satisfechos y piensan que están llenas de sentido. No obstante, su confianza en sí mismos no se extiende necesariamente a los demás y las instituciones: algo más de un tercio de los estudiantes, proporción no desdeñable, no confía en nadie (21) o solo en personas cercanas (15). El individualismo se acentúa en su relación con las instituciones: confían bastante (puntuación media: 4,9 sobre 6) en las educativas; algo (3 a 4) en las religiosas, ONG, fuerzas armadas, ONU, justicia, empresarios, bancos y sindicatos; poco (2 a 3) en gobiernos, policía y administración pública, y nada (menos de 2) en políticos. A Thivierge también le llama la atención el desinterés casi total por la política: "No creen en los políticos, y eso ocurre en todas partes, ¿qué significa eso? Es muy grave, estamos viviendo en sociedades en las que las jóvenes generaciones no creen en las personas que vienen elegidas por la comunidad".

Otro de los temas estudiados es su percepción del mundo en el que viven. Los estudiantes no están plena ni firmemente seguros de que hoy se viva mejor que nunca (solo es así para el 52,8 por ciento de la muestra) y, menos aún, de que esto responda a una mayor liberalización económica. Aspiran a que, pese a ser los individuos responsables de sus propias necesidades, el Estado tenga un papel importante en esta cuestión, y a que sea posible un estilo de competitividad que permita a los individuos y sus ideas progresar, sin que individualismo y competitividad lo sean todo.

El estudio ha detectado que las respuestas de los universitarios en temas éticos no resultan coherentes. Por una parte, al preguntarles sobre la admisibilidad de determinadas infracciones, parecen ser bastante rigoristas, sobre todo las mujeres; pero cuando se les pregunta en general si la bondad o maldad de nuestras acciones depende o no de las circunstancias, la mayoría es bastante relativista.



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