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En el enclave chabolista, a 12 kilómetros de la ciudad, los menores viven entre basura y roedores bajo constantes amenazas de derribo de sus chabolas

ElGallinero

“Es una situación envuelta en dramatismo y una de las realidades más duras en España. Este enclave se encuentra en una de las peores situaciones que he visto, a la altura de las condiciones de poblados en Nigeria o Etiopía”. De esa forma definió Fernando Vidal, Director del Instituto Universitario de la Familia (IUF) de Comillas, la situación en el poblado madrileño de “El Gallinero”, donde malviven 435 gitanos rumanos, de los que 298 son niños. Sus condiciones han llamado la atención de la sociedad a través de los medios de comunicación gracias a los demoledores datos del informe “Los Derechos Humanos también son cosa de niños. La situación de la infancia en ‘El Gallinero’”, elaborado por Comillas y Save the Children, en lo que supone el primer estudio científico de la situación de este poblado, situado a 12 kilómetros de Madrid.

El trabajo revela que no se respetan los derechos humanos de los menores que allí viven: no pueden tener acceso a una vivienda digna, a agua o saneamiento, a ayudas sociales, y tampoco a la educación o la salud. El núcleo del informe son los dibujos del poblado realizados por los niños y sus desgarradoras conversaciones con los investigadores de Comillas, que revelan la dureza de su situación. Viven con la constante amenaza de desalojos (muchos de ellos de madrugada), una situación “de impacto emocional muy fuerte”, como deja patente algún pasaje del informe, y “una de las experiencias de amenaza y trauma referidas con mayor frecuencia”. No en vano, durante los últimos meses se han producido 41 derribos que han afectado a 82 menores.

“No me gusta ser un ladrón”

Aun así, y a pesar de que sus viviendas habituales no están protegidas del frío ni del agua, tienen un acceso precario y peligroso a la electricidad, y no hay ningún tipo de saneamiento, “los niños ven las chabolas como un espacio de seguridad rodeadas de espacios con estructuras precarias y desprotegidas, como demuestran sus dibujos”, relata Carlos Pitillas, autor del informe junto a Blanca Gómez Bengoechea, ambos investigadores del IUF. En estos dibujos los menores plasman el violento día a día del poblado: riñas con cuchillos, violencia familiar, tendencia de sus mayores a beber, acumulación de basura, presencia de animales peligrosos (perros, serpientes o ratas) que ponen en riesgo físico a los bebés (“Los ratones a veces entran en las casas y, si hay niños pequeños, los comen por la noche”, declara un niño)… Es una realidad que ninguno de ellos desea que se mantenga en el futuro, ya que rechazan el robo, la mendicidad, la violencia y los roles de género. “No quieren ser nómadas ni vivir entre basura cuando crezcan, ni repetir el modo de vida de sus padres y abuelos”, afirma Pitillas, quien añade que ven un futuro en el que vivan en una “casa ordinaria, y tengan trabajo y familia”.

EL GALLINERO

“A mí no me gusta ser un ladrón ni estar tan sucio. Yo quiero trabajar, ganar mi dinero y tener una casa”, dice uno de los niños. “Yo iré a la universidad y tendré una casa con ducha y un trabajo”, dice una niña que, como la mayoría del poblado, no quiere repetir el patrón que les imponen sus familias: casarse aún siendo menores y tener hijos muy pronto. “Una niña se casó hace ocho semanas, estaba embarazada y solo tiene 13 años. Yo le dije a mi madre que me casaría más tarde y me dijo que no. Si te casas no te puedes poner pantalones, no puedes salir a jugar, te tienes que quedar en casa trabajando, porque si no trabajas te mata el marido”, afirma una tercera menor en el informe.

Según se relata en el estudio, los propios niños “leen su propia vida como algo que no se corresponde con las condiciones mínimas de dignidad a las que puede aspirar un individuo”. En opinión de Ana Sastre, Directora de Sensibilización y Políticas de Infancia de Save the Children, los derechos de estos niños son vulnerados constantemente, por lo que solicitó la necesidad de “adoptar medidas públicas que garanticen que los niños y las niñas de ‘El Gallinero’ accedan en condiciones de igualdad a la educación, a la que tienen derecho. Esto puede requerir medidas específicas que eviten que sean discriminados”.

Dificultades para asistir a la escuela

La precaria situación de los habitantes de “El Gallinero” provoca, además,  que el porcentaje de población que vive bajo el umbral de la pobreza sea del 99 por ciento, cuando en España es de un 27,5 por ciento. Esto redunda en una esperanza de vida mucho menor, y que cuatro de cada cinco personas del poblado en edad de trabajar son analfabetas funcionales. A pesar de ello, “la tasa de escolarización es muy alta, así como el índice de asistencia al colegio”, dijo Sastre, aunque recordó que no hay una cobertura educativa para niños de entre cero a tres años.

A pesar de que los menores asisten al colegio, las familias no cuentan con recursos para hacer frente a los gastos relacionados con la educación, no pueden acceder a becas y existen continuos problemas con la ruta del autobús, que hace que los niños pierdan horas y, a veces, días de clase. “Se deben adoptar medidas públicas que garanticen que los niños y las niñas de ‘El Gallinero’ accedan en condiciones de igualdad a la educación. Esto puede requerir medidas específicas que eviten que sean discriminados”, explicó Sastre.

Los autores del informe coinciden en que “la vulneración de derechos en el presente les afectará en el futuro como personas, así como en el nivel de inclusión en su vida adulta”. En este sentido, se denuncia que la falta de participación de niños y adultos en el diseño de las alternativas de realojo es una importante carencia que debe ser subsanada. “Estos niños tienen derecho a ser consultados, y están preparados para participar en la planificación de su futuro”, insiste Blanca Gómez Bengoechea.

ELGALLINERO2Según Fernando Vidal, Director del Instituto Universitario de la Familia, “del estudio se desprende cómo estos niños parecen estar ya listos para realizar cambios para los cuales los adultos quizá no estaban preparados. Hablan de su voluntad de tener un entorno limpio, de poner cubos de basura en cada casa, de disponer de un baño y una ducha como uno de sus principales deseos de cambio, y empiezan también a cuestionar los roles de género que se asignan a las niñas y adolescentes. Sería importante hacer lo posible por aprovechar estas oportunidades para promover cambios urgentes y necesarios”.

Peticiones de solución a los poderes públicos

El informe pide con urgencia a los poderes públicos que pongan en marcha las medidas necesarias para cubrir las necesidades de estos niños. “Estabilizar la situación de la vivienda permitiría garantizar su derecho a un nivel de vida digno, les protegería de las distintas formas de violencia que les afectan y facilitaría que pudieran gozar de otros derechos, como el derecho a la salud, a la educación o al juego”, añade Sastre.

Save the Children pide al Ayuntamiento de Madrid, entre otras medidas, detener los derribos de manera inmediata y establecer una moratoria hasta que se logre una solución efectiva, y que se elabore un plan de intervención social que tenga en cuenta a la población y las organizaciones sociales que trabajan con ellos, y asegure, entre otras cosas, el empadronamiento de la población residente y que se eliminen las trabas administrativas para obtener ayudas sociales.



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