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Vicente Garrido, miembro del Advisory Board on Disarmament Matters del Secretario General de la ONU, intervino en el espacio Tribuna Internacional

NoProliferacionEl tramo final de las negociaciones entre Irán y seis potencias mundiales sobre el programa nuclear iraní, que están a punto de concluir, está plagado de incertidumbres. Por un lado, el estado islámico se debate entre el malestar de la población, afectada por las sanciones económicas, y el deseo de aumentar su capacidad de enriquecimiento de uranio; y de la otra parte, surgen dudas sobre el trasfondo del reciente acuerdo ruso-iraní para construir nuevas centrales, y la actitud de la mayoría republicana en las cámaras estadounidenses, tradicionalmente beligerante contra Irán. Del estado de la cuestión habló, en el espacio Tribuna Internacional, de la Facultad de Ciencias Humanas y Sociales, el profesor Vicente Garrido, miembro del Advisory Board on Disarmament Matters del Secretario General de la ONU.

La conferencia de Garrido, "Negociaciones de desarme y no proliferación nuclear: el caso de Irán", desveló una sorpresa histórica para los estudiantes asistentes al acto: el concepto de armas de destrucción masiva nació en la Guerra Civil española, tras el bombardeo alemán de Guernica.

El relato previo al tema de fondo incluyó el origen del tratado de no proliferación nuclear, que Garrido calificó como el más discriminatorio de toda la historia diplomática, como fruto del acuerdo secreto entre las dos superpotencias: Rusia y Estados Unidos. Su objetivo era cerrar el paso al club nuclear a otras naciones. La condición previa para ser estado nuclear, según el texto, era haber hecho un ensayo atómico antes del 31 de diciembre de 1967. Este requisito redujo a cinco los países llamados a mantener ese estatus: Rusia, Estados Unidos, Reino Unido, Francia y China. Los mismos que ocupan plaza permanente en el Consejo de Seguridad de la ONU.

El resto de países se han ido incorporando, entre ellos España. No obstante, hay tres que no lo han suscrito: India y Pakistán, que mantienen un particular enfrentamiento que la posesión de la bomba equilibra, e Israel, que es el único estado considerado nuclear sin hacer hecho ningún ensayo, gracias a la revelación del secreto por parte de su antiguo técnico nuclear Mordechai Vanunu. Otro estado mantiene una peculiar situación: Corea del Norte, ya que firmó el tratado en 1995 y lo abandonó después de haberlo violado.

Irán fue uno de los primeros países en suscribir el tratado, en 1968, como estado no nuclear, lo que compromete a no desviar el uso de esta energía a fines militares. La limitación se concreta en la prohibición de enriquecer el contenido isotópico del uranio por encima del 90 por ciento. Como explicó Garrido, la capacidad actual de Irán para enriquecer el mineral es de casi un 20 por ciento, por el procedimiento de gasificación del uranio, que se centrifuga, y, ensamblando centrifugadoras, se multiplica la capacidad de enriquecimiento. Por esa razón, los dirigentes iraníes rechazan que se les impida superar la cifra de dos mil centrifugadoras, con el propósito para dejar su capacidad de enriquecimiento en un 5 por ciento, suficiente para el uso civil de la energía nuclear.

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En el otro plato de la balanza, como señaló Garrido, se coloca la necesidad de alcanzar un acuerdo que acabe con las sanciones económicas, causa del descontento de los iraníes que sufren sus consecuencias. Desde 2012, las sanciones han incrementado el coste del programa 130.000 millones de dólares, arroz, aceite y pollo se han convertido en artículos de lujo, el 85 por ciento de la población dice que las sanciones han afectado sus vidas, y la mitad, que lo ha hecho mucho. Hay un 11,2 por ciento de paro, y la inflación en el periodo 2011-2013 llegó a un 40 por ciento (el 60 por ciento, en bebidas y alimentos).

La desconfianza entre los negociadores norteamericanos e iraníes no ha disminuido a raíz de la carta enviada por Obama al ayatolá Alí Hoseiní Jameneí, en la que le propone ser aliados frente al terrorismo del Estado Islámico. El líder supremo de Irán, por su parte, ha aireado la misiva como una amenaza y ha expresado su temor de que el acuerdo cierre a Irán el desarrollo civil de la energía nuclear, afirmó Garrido al responder las preguntas de los alumnos.

Respecto al recién revelado acuerdo ruso-iraní de construcción de nuevas centrales nucleares, los negociadores internacionales (EE.UU., China, Rusia, Reino Unido, Francia y Alemania) quieren saber todos los detalles de lo que han suscrito los rusos, y, especialmente, si el combustible nuclear empleado se va a tratar en territorio iraní o ruso. Por su parte, Rusia sostiene que, cualquiera que sea el resultado de la negociación, no va a afectar a su contrato que supone 20 millones de dólares anuales, según el conferenciante.

¿Cómo puede influir la mayoría republicana en las cámaras de los Estados Unidos en sus relaciones con Irán?, preguntaron los estudiantes. A lo que Garrido contestó que los republicanos son especialmente partidarios de no negociar con el Estado persa, con el condicionante de que Israel y Arabia Saudí están también en contra, lo que arrastra el voto judío del lado republicano, cuya idea es seguir estrangulando Irán con más sanciones.



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