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Tribuna-Internacional-G-20-

Los profesores John Kirton, de la Universidad de Toronto; Federico Steinberg, del Real Instituto Elcano, y Pablo Biderbost, de Comillas, coincidieron en la necesidad de que el G-20 se convierta en centro de gobernanza global, durante la mesa redonda del ciclo Tribuna Internacional, de la Facultad de Ciencias Humanas y Sociales, que analiza la realidad del G-20 y el nuevo orden internacional desde las perspectivas de Canadá, España y América Latina.


Kirton manifestó, ante una numerosa audiencia formada por alumnos del doble grado en Relaciones Internacionales y en Traducción e Interpretación, que "la creación del G-20 ha permitido a Canadá jugar un papel importante en un nuevo centro de gobernanza global... Canadá es un país fuerte y tiene los contactos necesarios para erigirse líder del grupo". Según este especialista, desde la creación del G-20 el Gobierno canadiense ha mantenido una política consistente y bastante exitosa, muy ligada a la defensa de la transparencia, la responsabilidad y el cumplimiento de las promesas. Entre sus prioridades se encuentra la cercanía con la Unión Europea. "Canadá es un país europeo" afirmó, y el reciente Acuerdo Transpacífico (TTP) es prueba de ello.


"Hemos de centrarnos en la economía, pues dado el panorama actual corremos el riesgo de perder de vista el objetivo del G-20", afirmó Steinberg. El escenario internacional se caracteriza, cada vez más, por la multipolaridad y por el aumento de la rivalidad entre los Estados. La globalización, la liberalización de los mercados y el desarrollo de las nuevas tecnologías de la comunicación y de la información han fomentado aún más la interdependencia económica de los actores que, como aseguró Steinberg, requieren gobernanza económica global y coordinación económica. En cuanto a la posición de España como invitado permanente del grupo, Steinberg manifestó su frustración por ante la falta de propósitos claros y predijo que nuestro país seguiría la corriente europea. Aunque queda mucho que resolver en términos del cumplimiento de los compromisos, "el G-20 es un potente catalizador para la reforma", concluyó.


"A través de Brasil, México y Argentina, América Latina tiene presencia en este foro internacional", señaló el profesor Biderbost. Argentina ha representado el discurso kirchnerista y ha apostado por incorporar una dimensión sociolaboral y económica al grupo. El objetivo brasileño de convertir la diplomacia en política de estado ha llevado a Brasil a perseguir una posición de softpower en la plataforma del G-20, y a coordinarse con el resto de los BRICS (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica) para defender sus intereses laborales y económicos. México, con una actitud menos latinoamericana, y muy marcada por su pertenencia a la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) y al Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), ha contribuido enormemente con la introducción del cambio climático en la agenda del grupo. "A pesar de sus divergencias, los tres Estados coinciden en la necesidad de una gobernanza financiera internacional", concluyó Biderbost.


Tras la intervención de los ponentes se abrió paso al turno de preguntas, en el que se abordaron temas tan variados como la voz y la representación de la Unión Europea en el G-20 y la trascendencia de la gobernanza global en la vida de los ciudadanos.



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