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PapaBicentenarioEl Papa Francisco presidió la celebración eucarística del bicentenario de la Restauración de la Compañía de Jesús, en la iglesia del Gesù, en Roma. Ante numerosos compañeros y autoridades, el pontífice invitó a los jesuitas a recordar "nuestra historia". "A la Compañía 'se le dio la gracia no solo de creer en el Señor, sino también de sufrir por él'", afirmó.

El sonido de una campana anunció la entrada en el templo del Papa, que fue recibido por el Padre General, Adolfo Nicolás, SJ, con unas palabras de bienvenida. Junto al General, estaban el Cardenal Vicario de Roma, Agostino Vallini; Monseñor Luis F. Ladaria, SJ, Secretario de la Congregación para la Doctrina de la Fe, y el Arzobispo eslovaco Cyril Vasil, SJ, Secretario de la Congregación para las Iglesias Orientales.

El Papa se dirigió a los presentes y recordó los hitos de la persecución de la Compañía en el siglo XVIII, así como los mensajes que enviaba el entonces Padre General, Lorenzo Ricci. Después de la reconstitución, palabra que se usa recientemente, esta orden religiosa ha vuelto a servir a la Iglesia con toda su fuerza, señaló Francisco, que repasó también los mensajes de Pablo VI.

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"La nave de la Compañía fue zarandeada por las olas y ello no debe sorprender. También la barca de Pedro lo puede ser hoy. La noche y el poder de las tinieblas están siempre cerca", advirtió el Papa, quien, reflexionando sobre lo fatigoso que puede ser remar, señaló que los jesuitas deben ser "expertos y valerosos remeros". "¡Remen entonces! ¡Remen, sean fuertes, incluso con el viento en contra! ¡Rememos al servicio de la Iglesia! ¡Rememos juntos!", fue su enérgica invitación. En su homilía, precisó a los jesuitas que sólo el discernimiento salva del verdadero desarraigo, de la verdadera "supresión" del corazón, que es el egoísmo, la mundanidad, la pérdida del horizonte, de la esperanza que es solo Jesús.

Concluida la celebración, los jesuitas fueron conducidos a la capella dei Nobili, donde fue leída la bula de la restauración en 1814, y el Papa fue saludando a cada uno de los presentes, tras lo cual se despidió del grupo diciendo "Grazie tante e pregate per me" ("Muchas gracias y orad por mí").



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