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iwardaIWarda es el primer servicio de guardarropa (dress storage) del mundo que incluye una plataforma digital con la que el cliente puede gestionar y controlar su vestuario y complementos almacenados en las instalaciones de la empresa, previamente fotografiados y catalogados. Cuando el problema no es de espacio, sino de gestión, se puede contratar exclusivamente el servicio de digitalización. Su creadora, Silvia Haro, antigua alumna de Comillas ICADE, puso en marcha la compañía con un socio cofundador, en abril de este año que, poco después, fue seleccionada entre 1.210 proyectos emprendedores para formar parte de la segunda edición del Programa Lanzadera, que promueve el empresario valenciano Juan Roig.

La idea surgió por necesidad personal, confiesa la creadora y CEO de iWarda (iwarda.com). Vive en una casa pequeña y tiene más ropa de la que puede guardar, por lo que la repartía por diferentes lugares: la casa de su madre, su oficina... Esa dispersión le obligaba a dedicar mucho tiempo en ir de un sitio a otro para cambiar el vestuario de invierno a verano, o para recuperar una prenda que necesitaba y no tenía a mano. Al aumentar sus obligaciones profesionales, disponer de menos tiempo y contar con más poder adquisitivo, buscó una empresa que le resolviera el problema, pero no la encontró, porque no existía.

"Hay un servicio que podría ser similar en Nueva York: un mayordomo que, por siete mil dólares mensuales, va a tu casa, se lleva la ropa y la guarda; pero no tiene el complemento de la digitalización", añade Haro. Ella y su socio estuvieron dos años desarrollando el proyecto antes de presentarlo. Aparte del set de digitalización, que incluye un armario con iluminación regulable, necesitaban unas instalaciones adecuadas. Encontraron una empresa logística en Barcelona que ponía a su disposición edificios en Madrid, Barcelona y Valencia. El de Madrid era bueno, pero no lo bastante. Finalmente, uno de los 20 socios que aportaron la financiación inicial del proyecto, todos ellos del entorno cercano de los fundadores, les proporcionó un almacén logístico con todas las características de conservación idóneas para prendas, con una temperatura permanente de 22 grados, menos de un 30 por ciento de humedad y altas medidas de seguridad.

"Es el sitio perfecto para cuidar la ropa y los complementos, precintamos todas las prendas para que no adquieran nada de polvo, y las protegemos de polillas con bolas de cedro rojo", señala Haro. En las instalaciones se ha desarrollado un set de digitalización para fotografiar y catalogar todas las prendas.
El precio del servicio de almacenamiento depende de la cantidad de espacio, número de prendas y tiempo preciso para la operación, "pero el pack 'Cambio de armario' ofrece un espacio equivalente a dos armarios con 60 prendas colgadas, 40 dobladas, 16 pares de zapatos u ocho pares de botas, por un precio cerrado para la temporada de seis meses. Una asesora de iWarda va al domicilio, embala cuidadosamente la ropa y en una hora está todo hecho. Si se olvida algo, nos lo llevamos en 24 horas, y si se necesita inesperadamente una prenda ya guardada, se lleva al domicilio y se recoge cuando ya no se necesita".

El servicio simple de digitalización incluye el desplazamiento a domicilio de un fotógrafo y una asesora de iWarda. La catalogación agrupa los datos imprescindibles para organizar el vestuario: color, talla, marca, temporada, etc. Incluido en el precio la plataforma ofrece combinaciones para usar las prendas catalogadas, según las ocasiones o simplemente para no repetir el conjunto. El sistema permite que el cliente amplíe su catálogo con nuevas prendas o que vuelva a pedir que se actualice su armario. "Y, si el cliente no tiene tiempo de hacerse la maleta o no le apetece hacerla, una asesora va a su casa y la prepara", dice Haro.

Cuando tuvo la idea, Silvia Haro pensó en un sector de público como ella, pero han comprobado que hay más gente interesada en sus servicios. No pensaron en personas con casas de grandes dimensiones y servicio doméstico y, sin embargo, tienen clientes de esas características. Hay también gente de ingresos medios dispuestos a pagar por los servicios que se les brindan, sea por falta de tiempo o para gestionar mejor su vestuario. Por eso, continúan estudiando la tipología de su usuario potencial para llegar a él más directamente. "Uno de nuestros problemas es que no somos como ninguna otra oferta existente. Somos completamente nuevos y no es sencillo explicar nuestra actividad y la utilidad que proporcionamos", afirma Haro. Tienen ya acuerdos con firmas de servicios profesionales, como Deloitte, EY y Uría y Menéndez, para sus colectivos, que no disponen de tiempo para ocuparse de la organización de sus armarios.

Silvia Haro se muestra muy orgullosa del nivel de exigencia de Comillas, donde se licenció en Administración y Dirección de Empresas (E-2) en 2002. Tras licenciarse comenzó a trabajar en la gerencia de esta universidad, primero en presupuestos y control y después en fiscal, hasta llegar a la dirección financiera. Hizo los cursos de doctorado, pero no empezó la tesis porque no le quedaba el tiempo que requiere. En 2008 se incorporó, como Gerente, al Centro Internacional de Estudios Económicos y Sociales, el proyecto de desembarco de la London School of Economics, junto con MAPFRE y Cajamadrid.

Posteriormente, fue Directora Financiera de un grupo de empresas dedicado a la medicina y la traumatología deportivas, con más de 21 clínicas, pero ya entonces empezó a sentir ganas de cambiar y de poner en práctica la vocación empresarial heredada de su familia. Fue cofundadora de una empresa nacida en el campus del Massachusetts Institute of Technology dedicada a proyectos de impacto social, que fue galardonada por StartUP Chile en 2013 por haber creado una plataforma digital para descubrir talento musical en la calle; pero los cambios políticos y otros inconvenientes le hicieron abandonarla y centrarse en iWarda, la otra idea que estaba cocinando.

Haro está muy agradecida al Programa Lanzadera y a todo el equipo de Juan Roig que está impulsando el proyecto de iWarda a un rápido crecimiento. Aunque ella ya tenía su empresa funcionando cuando fue seleccionada, Lanzadera le está brindado muchos conocimientos y apoyo, incluido el financiero, ya que 200.000 euros a un tipo cero de interés es un respaldo importante. "Hemos aprendido muchas cosas relacionadas con herramientas de gestión o sistemas de medición, y aunque ya habíamos superado la fase de arrancada, nos resultan muy útiles porque ahora sabemos cómo cambiar de rumbo si algo no va como esperábamos", asegura.

Los siguientes pasos están claros: consolidar el negocio en Madrid, y expandirse a Barcelona y Valencia a corto plazo, e internacionalizarlo en dos años. Por el momento, además de los dos socios, trabajan en la empresa cuatro personas más, una de las cuales proviene del Programa de Apoyo al Empleo Juvenil, que organizan Ford y el Club Empresarial ICADE, con el Centro de Formación Padre Piquer, de Madrid, y las Escuelas San José, de Valencia; y muy pronto van a necesitar ampliar el equipo.



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