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Sentamos a Francisco J. Ayala, flamante doctor honoris causa de Comillas a charlar con José Manuel Caamaño, director de la Cátedra de Ciencia, Tecnología y Religión. Su conversación sigue el hilo de la memoria del eminente científico, desde sus vida de estudiante en Madrid, hasta Estados Unidos, donde llegó a ser asesor científico del presidente Bill Clinton.

Texto: José Caamaño/Lucía Tornero. Fotografía: José Ángel Molina

José Manuel Caamaño: Profesor, ¿qué siginifica para usted recibir un doctorado honoris causa de una universidad jesuíta?
Francisco J. Ayala: Es muy importante porque es una gran universidad, y además, está en Madrid que es la ciudad en la que nací y pasé mi juventud. Pero más importante es el papel que juega, lo que representa dentro de la Iglesia y de las actividades universitarias. Me alegro de que sea una universidad católica, que esté en Madrid y que sea una universidad jesuítica.

JMC: Usted es una de las grandes figuras de la Biología de la Evolución. ¿De dónde viene su interés? Después de estudiar Teología y Filosofía, empieza a dedicarse a la física, a la biología, a la genética…
FJA: Mi interés por la genética evolutiva viene de mi interés por la evolución en general, después de haber leído los libros de Pierre Teilhard de Chardin, y de descubrir un libro de Theodosius Dobzhansky, Genética y el origen de las especies, que frecuentemente se considera como el libro fundacional de la Teoría Moderna de la Evolución.

JMC: Tiene una trayectoria científica de envergadura, y ha tenido ocupaciones en la universidad y de servicio público. Una de las más relevantes fue su papel en la Academia de Ciencias de EE UU y en el comité de asesores científicos del presidente Bill Clinton, ¿cómo fue este trabajo?
FJA: Fue muy interesante porque Clinton, que es muy inteligente pero no tenía conocimientos científicos, se dio cuenta de que la ciencia jugaba un papel muy impotante en el desarrollo del país. Nombraron este comité de asesores, dándonos un papel creador, originando nuevas ideas que pudiera aplicar el gobierno, o empezar a investigar o propagar.

JMC: Como científico dedicado a cuestiones espirituales, siempre en el fondo de su obra, está latente una preocupación por el diálogo entre ciencia y religión.
FJA: Viene de la conciencia de que había una interpretación de la ciencia basada en la religión, y viceversa, que no eran razonables, que se veían como controversia en vez de diálogo. Me interesé poque la ciencia juega un papel muy importante en la vida humana, y la religión también, en otro nivel distinto. Tratar de encontrar un diálogo me pareció muy importante.

JMC: La Teoría de la Evolución de las Especies ha tenido una entrada difícil en el ámbito de las iglesias cristianas, también en la Iglesia católica. Sin embargo, usted dice que la teoría de Darwin no es un peligro, sino un regalo.
FJA: Es un regalo porque permite explicar realidades del mundo, y sobre todo de la humanidad, que si se las atribuye uno a la acción de Dios, cuentan como una blasfemia. La oposición viene de personas que interpretan la Biblia literalmente, y como decía San Agustín en el S. IV, la Biblia no es un libro de ciencia, es un libro para enseñarnos las relaciones de unos con otros, y las relaciones con Dios.

JMC: Se ha enfrentado mucho con los fundamentalismos religiosos, pero también ha sido crítico con otros fundamentalismos del ámbito científico, que han tenido bastante influencia.
FJA: Hay más personas en el mundo que son religiosas que científicas, y es mejor para la ciencia y para la religión establecer un diálogo que un antagonismo. Se hace más daño a la religión que a la ciencia cuando se crea este antagonismo, pero se daña también a la ciencia.


"La Teoría de la Evolución explica realidades que si se atribuyen a Dios cuentan como una blasfemia"


JMC: Si hoy la religión es un hecho cultural y social tan importante, y la ciencia es algo de lo que no podemos prescindir por el servicio que hace al ser humano y a la sociedad, ¿cómo podemos entender de una forma fructífera la relación?
FJA: Viéndolas en un sentido positivo. La ciencia es fundamental en el mundo moderno, porque nos da conocimiento de la verdad objetiva, pero también por la tecnología que está avanzando cada vez más rápidamente y está basada en los descubrimientos científicos. Por otro lado tenemos la religión, que lleva a la gente a portarse bien, a tener buenas relaciones unos con otros, a tener esperanzas para la vida futura, y es una cosa positiva. Entonces, ¿por qué no tratar de que estas dos cosas positivas interacciones positivamente, en vez de manera negativa, como opuestas?


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